Uncategorized

DIANA, POR ELLA SOY LO QUE SOY

Group Sex

DIANA, POR ELLA SOY LO QUE SOY

Con 10 años me encontré en Galicia, donde no tuve que hacer nuevas amistades en el pueblo porque ya había estado antes en casa de mis abuelos paterno, aunque en el colegio sí conocí chicos y chicas que no había visto nunca antes. Quiero decir, que la integración en el entorno, tanto familiar como social, fue lo que esperaba por todas las partes; también por la mía, ya que siempre fui un chaval muy sociable.

Olvidar el inglés y aprender gallego tampoco lo fue, antes de la muerte de mi padre, en casa se hablaba en tres idiomas: Gallego y español, y una mezcla del inglés neozelandés-escocés de mi madre…

Al principio fue algo duro en especial por separarme de mi madre, y también por el clima; en Wellington llueve y hace menos frío, como media anual, que en Galicia; por lo demás, enseguida me hice a la nueva situación gracias a la familia paterna, que eran y son extraordinarios, y el contacto con mi madre lo mantuvimos por teléfono o carta, y alguna vez que otra que ella vino a Galicia unos días, o yo pasaba vacaciones en Nueva Zelanda.

En pocos meses me acostumbré. Por supuesto que tanto mis abuelos como el resto de la familia de mi padre, me facilitaron todo bastante bien. Mis tías me adoraban, aunque en especial Diana, que también estaba casada con un patrón de barco pesquero, aunque en este caso, él estaba destinado en las pesquerías de Angola.

Diana, al igual que mi madre, también se había casado con 20 años; Leandro, su marido, también era 10 años mayor que mi tía cuando se casaron; y otra coincidencia, es que igualmente era hijo de un patrón de barco pesquero. Tienen la pesquería en el Sur de África, así que suele pasarse varios meses pescando en Angola, aunque vive en Ingombota-Luanda—la capital de Angola—mientras dura la pesquería. Diana se fue con él los dos primeros años, y eso les permitió comprar un viejo pazo, reconstruirlo, y arreglar los viñedos que ya había. Está a unos kilómetros del mismo Concello donde vivimos el resto de la familia. Pero Diana volvió en cuanto el pazo estuvo en condiciones de vivir en él, porque no se adaptaba a la vida en Luanda. Así que mi tío solía venir dos o tres veces al año, se pasaba unos días con su mujer, pero enseguida volvía a irse, porque le iban bien las cosas desde el punto de vista económico, y aún les quedaba la hipoteca que habían pedido para pagar las obras de reconstrucción del pazo.

Yo solía visitar a mi tía cada fin de semana desde que llegué, de esto, hacía ya 6 años, y estaba en la escuela. Una vez que comencé en el instituto, y conocí a nuevas amistades menguaron mis visitas de fin de semana, porque, entre el trabajo del instituto y las salidas por la capital, me quedaba menos tiempo. No quiere decir esto que Diana estuviese sola, porque mis otras dos tías, además de mi abuela, la solían visitar con frecuencia. Mi abuelo no, porque no estuvo de acuerdo que Diana se casase con Leandro, y mucho menos, la forma de convivencia que había adoptado el matrimonio, ya que él decía, que esa unión no tenía ningún futuro…

-JB, hace mucho que no me visitas. –Me dijo Diana un día que pasó por casa de mis abuelos, y era mi primer día de vacaciones de verano…

-Ya sabes, entre el instituto y las amistades femeninas, tu sobrino no para ni un momento. –Le respondió mi abuela…

– Pero si necesitas que tu sobrino te ayude ahora que está de vacaciones, tendrá que ir. –En este caso fue mi abuelo el que medió con tu típico autoritarismo. Callé por prudencia, porque con él no se podía hablar, se empezaba discutiendo y al final siempre había bronca; pero ni siquiera eso era un inconveniente, porque le recordaba mucho a su difunto hijo, mi padre. Era un verdadero sabio del mar y de la vida en general, así que fue mi abuelo de quien más aprendía en aquellos primeros años. Para él, su mayor deseo era que yo siguiese la tradición marinera; nunca le contradije, pero poco a poco mis ideas fueron cambiando conforme hablaba con mi madre o la visitaba en Nueva Zelanda.

Pero hablé con Diana y acepté irme unos días a pasarlos con ella. Al fin y al cabo, la mayoría de mis amistades se iban con sus familiares, y tampoco era plan de quedarme en el pueblo dando bandazos de aquí para allá, pero sin pasármelo bien, que es lo que me apetecía.

Aquella misma tarde salimos para el pazo de Diana, que era como lo llamaban ellos. Diana conducía, y con la ventanilla abierta, su preciosa cabellera negra rizada se le enredaba o le tapaba la visión, y ella tenía que apartársela constantemente para poder conducir. Ya para entonces, mis hormonas estaban a flor de piel, y había mantenido relaciones sexuales con varias chicas, algunas madres de compañeros y compañeras, y un par de profesoras del instituto. No es que fuera un experto, pero sabía por ellas mismas que tenía cierta habilidad para dejarlas satisfechas, aunque he de decir, que algo grande que me colgaba entre las piernas, ponía en valor mi atractivo para las mujeres. Según mi abuela, el tamaño del colgante era la marca de la casa, porque tanto mi abuelo como el difunto de mi padre, se gastaban un buen vergajo y el mío ya apuntaba maneras. Por supuesto, las compañeras de instituto destacaban de mí otros aspectos de la anatomía y fisiología que se me iba formando al paso de los años, ya que de mi familia paterna había heredado el pelo negro y rizado de todos ellos, pero mi tez no era tan oscura sin llegar a ser tan blanca como la de mi madre, pero sí sus ojos verdes, que además, los míos eran más grandes. Digamos que en la mezcla de mis padres, en mí habían puesto lo mejor de ambos y lo digo sin falsa modestia, porque raro era el día que no me lo destacaban en la familia, en el instituto, o en cualquier sitio del concello al que acudiera…

Diana llevaba puesta una falda veraniega, que al conducir le dejaba al descubierto unos muslos increíblemente hermosos. Y al quitarse el pelo de la cara, me había fijado que no se afeitaba las axilas, con un vello igual de moreno, y que también se le rizaba. Imaginé que tampoco debía de afeitarse el coño, pero no me atreví a preguntárselo…

-¡JB, vas muy callado! –Me increpó ella cuando más absorto estaba en mis pensamientos con relación a mi tía, de tal forma, que noté que me estaba empalmando, y al escucharla, me turbé…

-No, nooooo… Estaba pensando ¡Estás muy guapa! –Le dije para salir del trance, pero no calculé las consecuencias…

-¡Ah, pensabas en mí! ¿Es por eso que estás empalmado? –Fui a responderle, pero ya ella me había dado unos golpecitos encima del vaquero con la palma de la mano… -¡JAJAJAJAJAJAAJAJ! –Diana siempre había tenido una risa muy especial, y en ocasiones, como aquel día, se echó una carcajada, pero posando la mano sobre el bulto que presionaba mi polla sobre el pantalón… -¡Menuda herramienta tienes, sobrinito! –Yo alucinaba en colores, sobre todo, porque en ese momento, además de alabar mi polla, ella la estaba calibrando con sus dedos índice y pulgar, lo que hizo que se me pusiera mucho más dura, pero de la garganta no me salía ninguna palabra… -¿A cuántas compañeras del instituto te has follado ya? –Diana estaba dispuesta a dejarme tieso de un infarto, porque no paraba de tocarme la polla, y ahora saltaba con una pregunta que yo no le sabía responder. -¡Venga dime! ¿Sólo te has follado a compañeras, o también a alguna madre muy necesitada? ¡JAJAJAJAJAJAAJA! –Es que sé que hay mucha lagarta con falta de polla, y esto que tienes aquí, es una joya…
¡Más quisiera mi esposo!

-¿Por qué me haces esto, Diana? –Fue lo único que se me ocurrió preguntarle…

-¿A qué te refieres, a que te haga preguntas incómodas? ¡JAJAJAJAJAJA!

-¡Joder Diana, y que me estás poniendo cachondo!

-¡Ah, mi sobrinito no me ve demasiado lagartona!

-No es eso, Diana. ¡Estás buenísima, pero eres mi tía!

-¿Y eso qué importa? Te he visto la polla desde que viniste de Nueva Zelanda, aunque creo que en los últimos dos años que no te la veo, se te ha puesto inmensa. Además, en la familia todo el mundo sabe que has heredado el nabo de mi difunto hermano, y éste del abuelo. ¡Desabróchate el pantalón y enséñamela!

-¡Joder Diana, que vamos por la carretera!

-¿Y qué? Mira, yo no llevo bragas puestas. –Y se levantó la falda, y me enseñó, como yo había imaginado, un pedazo de coño negro, rizado como el resto, aunque lo llevaba recortado. –En Luanda aprendí que es más cómodo ir sin bragas…

-¿Tampoco se afeitan las luandesas? –Le pregunté, aunque a mí nunca me había m*****ado follar con las chicas que no se depilaban, al contrario, ahora me daba cuenta que me excitaba…

-Allí, muy pocas mujeres se afeitan, y mucho menos, se depilan. Quizás las blanquitas lo hagan, pero con las que me hice amiga, novias o esposas de marineros que vivían en el mismo barrio que nosotros, se lo recortaban, pero ellas decían que a sus maridos les gustaba el pelo en todas partes. Y a tu tío, lo he comprobado que le encanta, así que salvo que me recorto un poco para que no sean demasiado largos, el resto ni me los toco. Y cuando tu tío viene, lo primero que quiere comprobar, es que sigo bien peluda. Como te he dicho antes, él no tiene una polla grande, pero le encanta comerme el coño, y siempre me pide que no me lo afeite…

-¿Sois felices, Diana? –Creí que era el momento de preguntarle eso a mi tía. Yo escuchaba las conversaciones de mis abuelos con respecto al matrimonio de su hija mayor, pero nunca me había atrevido a preguntárselo directamente a ella…

-A ver, cuando Leandro viene, los días que está en casa, hacemos cosas que a él le gustan, aunque a mí me van otras, pero él no es hábil, ni tiene herramienta para darme placer, pero no me quejo. No tiene el peazo de polla que tú has heredado de tu padre y del abuelo, pero me permite tener pollas de látex y otros juguetitos que él mismo me compra, vivo bien, y eso me llena. Pero luego se va, y ya sabes, que a veces se pasa seis meses sin volver, y una no es de palo…

-¿Le pones los cuernos? –Me atreví a preguntarle.

-¡Nooooo! Te confieso que no lo he hecho por falta de ganas o de ofertas y posibilidades, pero aquí en el pueblo, enseguida lo sabría todo el mundo, y en cuanto viniera Leandro, se lo dirían. Así que veo porno por TV, y me masturbo… ¡Tu tía, se mata a pajas! Tengo juguetes que él mismo me trae, y con los que disfruto mucho, aunque esto que tienes aquí, debe ser como para volverse loca…–Su mano seguía en el mismo sitio, y ya me tenía como un burro—En serio, JB ¿No te has follado a ninguna madre de tus compis? Sé de algunas que te miran con ojos de deseo, y no me extrañaría que te las hayas follado, o ellas te lo hayan propuesto, porque sus maridos, al igual que el mío, se pasan muchos meses sin venir…

La conversación con mi tía me estaba poniendo cardiaco, pero no me sacaría ninguna información de mi vida sexual. Ese es un consejo que me dio mi abuelo cuando entré al instituto:

-JB, tendrás muchas oportunidades de estar con mujeres, pero si las tienes, no debes divulgarlas ni comentarlas con nadie, no es de hombre presumir de eso, porque algunas pueden tener novio o estar casadas, y las debes proteger de las habladurías…

Estábamos llegando al pazo, así que Diana dejó de tocarme la polla, aunque yo tenía un empalme que si no me desahogaba, me iban a reventar los huevos, así que en cuanto llegásemos a su casa, iría a ver a su vecina Vicenta, que como su hija estaba en mi instituto, y con ella y su madre me había dado algún que otro lote en su casa en varias ocasiones, madre o hija me tendrían que aliviar. Ni a una ni a la otra me las había follado, ambas tenían el mismo problema: Miedo a quedarse embarazadas. Pero a ambas les encantaban mi capirote, y la madre, más experta, me hacían unas mamadas que me dejaban alucinando, porque antes me la ponía a tope masturbándome con las tetas, que eran bastantes hermosas. Le gustaba que le follase las tetas, a la vez que cuando la embestía, ella abría la boca para recibir el capullo. Le encantaba que me corriese en su boca. Vero—su hija—era menos experta, pero le encantaba masturbarme incluso en clase. La hija de puta me decía que era para que no desease a ninguna otra…

Pero claro, al haber salido tarde de casa de los abuelos, cuando llegamos al pazo de Diana, ya se había hecho de noche, y Diana se puso a hacer de comer, y no era plan de dejarla sola.

-¡Anda JB, prepara la ensalada, que yo freiré el pescado!- Me dijo ella al volver de su habitación, ya cambiada. Llevaba, como en ella era costumbre, una camiseta grande del marido que le llegaba a las rodillas, pero no creo que llevase nada más. Yo seguía con mis vaqueros y la camiseta, así que le dije que iba a cambiarme para ponerme cómodo…

-Te he puesto tus cosas en mi habitación, ya que vas a estar unos días, me encantaría que durmieras conmigo como hacíamos cuando venías con más frecuencia. Ya sabes que me encantan los masajes que te enseñó tu madre. –Mi madre había estudiado fisioterapia, y desde mi nacimiento, cada noche me daba un masaje antes de acostarme. Y claro está, alcancé cierta habilidad en darlos, y cuando llegué a Galicia, mis masajes eran muy demandados entre la familia, y luego en el instituto descubrí que era una herramienta muy práctica para ligar sin más preámbulos que un masaje erótico.

-¡Diana, pero ya no soy un niño!

-¿Y qué, me vas a violar? JAJAJAJAJAJAJAJA

-¡Depende!- No sé por qué lo dije, pero ya no había marcha atrás.

-¿De qué depende, de que se te vuelva a poner dura?

-¡Violarte jamás! –Aunque en todo el trayecto me había excitado con mi tía Diana, jamás se me habría ocurrido follármela contra su voluntad.

-¡Pues estaría interesante que lo intentaras! ¡¡¡JAJAJAJAJAJAJAJA!!!

-Tita… ¿Te gusta el sexo duro? –Inmediatamente quise arrepentirme de lo dicho, pero era ella la que me estaba provocando…

-¿A qué le llamas sexo duro, sobrino?

-Bueno, he visto algunas películas porno que llevan los compañeros al instituto, y hay prácticas sexuales a las que llaman así…

-Mira, JB… Vamos a llamarle a las cosas por su nombre: ¡Me encanta follar! Y tu tío no es bueno, no tiene una buena herramienta, pero sabe ponerme como una putita; y ambos nos complacemos con “cositas” que tu habrás visto en esas películas que veis. Pero no voy a seguir explicándote nada más, porque te va a estallar el short del pijama… ¡¡¡JAJAJAJAJAJAJAJA!!!- Así que preparemos la cena… ¡¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!

Nos pusimos a la tarea, y estaba enjuagando las lechugas para la ensalada, cuando mi tía vino a lavarse las manos, que las tenía manchadas de harina de freír el pescado. Estaba pegada a mí mientras se las secaba, me miró, acercó su boca a mi cara, me besó en la comisura de mis labios, y me dijo al oído:
-Esta noche necesito un masaje de los que le das a Agostiña… -Agostiña era otra de mis tías, la más pequeña, aunque ya tenía 24 años. Alba, la de en medio tenía 26 y sin haberse casado, ya vivía con su novio, también pescador y que trabajaba con su cuñado Leandro, y Diana que acababa de cumplir 28. De vivir mi padre, habría cumplido 47, ya que era el mayor, aunque sólo era hijo de mi abuelo, de una relación anterior a casarse, pero que su novia había fallecido. Según me habían dicho, la madre de mi padre era gitana.

La cena transcurrió sin más incidentes, y enseguida pensé que había perdido la ocasión de tirarme a mí tía…

-Venga, vamos a la cama, que no quiero que te entre sueño y no quieras darme el masaje- Me dijo Diana levantándose del sofá donde habíamos estado viendo la televisión…

Subimos a la habitación, y Diana enseguida se echó en la cama poniéndose boca arriba, recordando cómo a mí me gustaba empezar los masajes, según me había enseñado mi madre.

-¿Estoy bien así?- Estaba inmejorable, porque al echarse se le había subido la camiseta del marido que llevaba puesta, y una vez más acertaba que bajo la misma no llevaba nada, y se le había subido justo hasta quedar a la altura de su entrepiernas, pero que se le veía claramente la espesa y negra pelambrera del coño.

-¡Sí, así estás bien para comenzar!- Le respondí sentándome a los pies de la cama con el bote de aceite de almendras que había cogido del baño en cuanto entré en su habitación. Le cogí un pie y lo puse sobre un cojín clásico que ya había usado en anteriores ocasiones, y que, curiosamente, tenía una funda de hilo blanco, completamente limpia; dándome a entender, que ella lo tenía todo preparado. La miré, y observé que se había cubierto los ojos y los oídos con unas orejeras negras, y al ver que estaba encendido el equipo de sonido, imaginé que ella misma había seleccionado la música más adecuada para recibir el masaje ensimismada en sentir mis manos, y que no le interfiriera ningún otro ruido o luz, a pesar de que yo, sólo había dejado encendida una de las lamparillas de una de las mesita de noche, el resto de luces las había apagado. Todo aquello no era nuevo, porque así me lo había enseñado mi madre, y desde la primera vez que le di un masaje a Diana cuando aún era un niño de 12 años, le había pedido que era así como requería un masaje relajante. La diferencia, quizás, es que en aquellos primeros masajes, yo me dispuse a relajarla, y en esta nueva ocasión no sabía lo que mi tía quería de mí, ni yo de ella.
Me vertí aceite sobre las palmas de las manos, froté una con la otra para calentarlas, y comencé a masajearle los dedos de los pies, uno a uno, entre ellos, y deteniéndome unos segundos en las yemas de los mismos, que según mi madre, ahí partían unas terminaciones nerviosas que eran como si realmente le estuviera masajeando la cabeza. En esta ocasión, mis manos y dedos los comencé a mover a la intensidad adecuada que usaba para masajear a las compañeras de instituto, y que sabía que enseguida se empezaban a abrir de piernas, dándome a entender lo que buscaban de mí. Y así fue, mi tía empezó a abrir las piernas hasta poner los pies en ambos extremos del cojín, con lo cual, la visión de su negro coño era perfecta. No había dudas, mi tía quería caña…

De los pies pasé a las piernas, de ahí a los muslos, y enseguida fue ella misma la que se subió la camiseta hasta la cintura. No dudé un instante, me volví a echar aceite en las palmas de las manos, y le embadurné toda la zona que había quedado al descubierto, sin hacer presión en ninguna parte en concreto. Alternando mis manos, le empecé a presionar de abajo hacia arriba comenzando en las ingles, y cuando pasaba cerca de su precioso coño, yo notaba como Diana se estremecía. Creí que había llegado el momento de dar un paso más, y llevé la palma de mi mano izquierda hasta plantarla encima de su pubis, y ella encogió ambas piernas, atrapándome la mano encima de su coño, y ella misma empezó a moverse con suavidad, como si realmente mi mano fuese una polla, que ella deseaba que le entrase en el coño, y me dejé llevar por sus propios impulsos. Metí mi dedo corazón dentro de su mojadísima vagina, y con el pulgar le empecé a tocar la pipita. En ese instante, ya ella estaba en su papel masturbatorio con mi mano, y me la había agarrado con las dos suya, y sin más impulsos que los suyos sobre mi mano, se la restregaba por el coño con la misma cadencia que movía su cintura. Había puesto su culo sobre el cojín, y clarísimamente, se estaba masturbando con mi mano. Yo había formado un pico con mis cinco dedos, y Diana lo había notado, así que en un empellón de sus propias manos, entró la mía por su resbaladiza vagina, hasta entrar completamente del todo. No es que yo tenga ahora una mano más grande que entonces, pero ella se la había metido con bastante facilidad, lo que me mostraba que sus pajas, debía hacérselas usando juguetes u hortalizas de buen tamaño, porque tenía el coño muy dilatado…

Creí que era el momento oportuno para bajar mi boca y chuparle el coño mientras me la follaba con el puño de mi mano; fue un acto reflejo el que ella se girase, me agarrase la polla con ambas manos y tragársela hasta la garganta a la vez que me daba lengüetazos en los huevos; tampoco dejé que mi lengua no imitase las lamidas de mí tía, y la movía alrededor de los labios de su dilatado coño, chupando sin parar los deliciosos caldos que brotaban entre las paredes de su vagina y el puño de mi manos. Ella seguía sus propios impulsos en coincidencia con mis lamidas, movía su cintura como si me quisiera follar la boca, pero pegándome la mejor mamada que jamás me habían hecho…

Saqué la mano y metí boca en su encharcado coño, ahora éramos ambos los que movíamos nuestras cinturas, yo le follaba la boca hasta hacerla tragársela atravesándole la garganta, y ella rotaba la suya para que me pudiera beber las ricas babitas del coño más grande que jamás había probado…
-¡¡¡JB, quiero que me la metas!!! –Escuché pedirme con desesperación– ¡¡¡Fóllame, hijo de putaaaaaaa!!! ¡¡¡Rómpeme el coño con esta maravillaaaaaaa!!!—A todo esto sin dejar de metérsela y la boca, y absorbiéndomela mamándola como una posesa…

-¿Quieres polla, putita? –No era una pregunta retórica, estaba siguiendo el mismo tratamiento guarro y morboso que a ella le gustaba, y que me lo estaba demostrando…

-¡¡¡SIIIIIIII LLÁMAMEEEEEE PUTAAAAAAAA!!! ¡¡¡QUIERO SER TU PUTA TÍAAAAAAA!!!

Si mi puño había entrado hasta el fondo de su vagina, por muy buen rabo que ya tuviese, en cuanto la agarré por las piernas para poner su entrada a disposición de mis embestidas, mis huevos comenzaron a chapotear en los caldos que encharcaban los gordos labios de mí tía Diana…

Era un frenesí semi diabólico, porque mientras me la follaba o ella me follaba a mí, nuestras bocas se buscaron y se encontraron enlazadas en chupetones de labios y lenguas impregnadas de jugos y sabores de uno del otro…

-¿Te gusta que te folle como una perra?—No tuve que preguntárselo por segunda vez, se dio la vuelta como una serpiente, y se puso a cuatro patas…
-¡¡¡Dame cachetadas en el culo, perrooooooo!!!

No la hice esperar, mi nabo entró nuevamente en su cueva del deseo, y con ambas manos le daba fuertes cachetadas en las nalgas hasta ponérselas rojas como tomates…

-¿Qué más quieres, perra?—También yo estaba como poseído, porque mi experiencia no alcanzaba a expresar aquella diabólica follada que le estaba dando a mi tía Diana, pero imagino que era ella y su vocabulario soez lo que me impulsaba a comportarme de aquella forma tan brutal, pero tan placentera para ambos…

-ME CORROOOOOOOOO AAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!—Grité en cuanto noté que le estaba inundando la vagina de leche…

-¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAGGGGGGGGGGGGGGGG!!!-Respondió ella al correrse como respuesta a su propia excitación y el sentir los churretones de leche calentita… Debió hacerlo en varias ocasiones, porque mi polla entraba y salía de su encharcado coño como si fuese la polla de un caballo aunque me hubiese corrido seguía hinchada, y el nudo de mi nabo la taladraba mientras ella tenía un orgasmo detrás de otro…

-¡¡¡QUE GUSTOOOOOOO HIJO DE PUTAAAAAAA!!! ¡¡¡QUE BUENO EREEEEESSSSSSSS!!! ¡¡¡ME MATAS DE GUSTOOOOOOO AAAAAAHHHHHHHHH!!!
Fueron varios minutos sin parar de follar, hasta que abrazados con los brazos y comiéndonos a besos…

-¡Sobrino, hijo de puta, que gusto me has dado!- Me dijo pasado unos minutos de transposición, en los que yo había estado moviendo mi nabo dentro del fondo de su coño, notando un encharcamiento de sus propios jugos vaginales, y probablemente también se había meado de gusto…
Se sacó mi polla del coño y se la llevó a la boca, donde comenzó a lamerla completamente…

-Tú y yo, nos lo vamos a pasar muy bien- Me dijo mirándome a los ojos. Jamás creí que fueras tan bueno en la cama, y eso que mi madre me ha dicho muchas veces que el abuelo la deja destrozá cada vez que la folla desde hace 40 años…

-¿Eran amantes antes que falleciera la madre de mi padre?

-Sí, mi madre la cuidó muchos años antes de que muriese, el abuelo no podía porque se tenía que ir a trabajar, pero cada vez que venía de la mar, era la abuela la que lo calmaba…

-Extraña y sorprendente historia—Le respondí, aunque también mi madre me había contado partes de la actividad sexual entre ella y mi padre, y parecía que los Bouzas éramos muy parecidos…

– ¿Me ha dicho la abuela que quieres una moto?

-Sí, me vendría muy bien para ir a los concellos que están en fiestas…

-¡Ya la tienes, está abajo en el almacén! ¿También lo has hecho con mi hermana Agustiña?—Yo ya estaba en otra fase; había trepado por su cuerpo, y se la había puesto en la boca…

-¡Chupa!—En las últimas embestidas, mi polla seguía dura y a punto de correrme– ¡¡Quiero correrme en tu boca!!

Me la agarró con la mano y empezó a chupármela metiéndosela hasta la garganta; se la sacaba y la escupía, para a continuación darse golpes con el nabo en sus labios, y vuelta a engullírsela hasta rozar sus labios con mis huevos…

Bir cevap yazın

E-posta hesabınız yayımlanmayacak. Gerekli alanlar * ile işaretlenmişlerdir

antep escort izmir escort tuzla escort