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El terceto se convierte en cuarteto

Babes

El terceto se convierte en cuarteto
El terceto se convierte en cuarteto

Unos días después de la cena y enfiestada en casa, volvimos a ver a Gabriela en la calle, saliendo de un hotel alojamiento con un tipo desconocido, por lo tanto nos imaginamos que ya no era más “la mujer” de Ricardo.
Por entonces mi dulce Anita se había calmado bastante. Retomamos nuestra vida sexual de manera un poco más normal, hasta que un día mi mujercita, luego de coger como salvajes, se subió a mi espalda y muy despacio metió dos de sus delicados dedos en mi ano, mientras me mordisqueaba una oreja y me susurraba al oído:
“Como me gustaría tener esa verga enorme de Tamara, para poder metértela en este lindo culo tan apretado”
No se si fue a causa de mencionarme a Tamara, las caricias en mi oreja o sus dedos en mi ano, pero repentinamente sentí que mi verga volvía a inflamarse al punto de estallar…
Volqué a Ana boca abajo y le abrí las piernas sin delicadeza, para penetrarla analmente en una brutal embestida, sin lubricación, sin dulzura, sin piedad…
Mi mujercita gritó de dolor con todos sus pulmones, insultándome mientras me recordaba que su culo le pertenecía al mecánico y su odiosa maravillosa verga.
Eso solamente me enardeció más todavía, por lo cual acrecenté mi ritmo de bombeo en su culo, sin importarme los aullidos de dolor de mi adorada mujercita.
Cuando acabé me salí de ella y quedé tirado en la cama recuperando el aliento. Anita se levantó gritándome y buscó su teléfono celular para llamar a Ricardo.
Habló en voz baja un buen rato y luego de colgar me dijo que mi amigo vendría esa misma noche a cogerla, ofreciéndome que podía quedarme a verlos o tendría que irme a otro lado si no lo soportaba.
Más tarde cenamos en silencio, con un aire de bronca por parte de ella y apenas habíamos terminado sonó el timbre de la puerta de calle.
Ambos nos llevamos una buena sorpresa, ya que por delante de Ricardo entró Tamara, que besó apenas a mi esposa y luego se dirigió hacia mí, besándome también, al mismo tiempo que buscaba acariciar mi bulto con su mano.
“Parece que me estabas esperando, bebé”, Dijo, al notar mi erección.
Antes de que pudiera responder, la estúpida carcajada de Ricardo llenó el ambiente:
‘Flaco, te gusta la sorpresa que te traje?, hoy me parece que vas a perder el invicto !!”
No alcancé ni siquiera a hablar, ya que Ana estaba arrastrando al mecánico hacia nuestra habitación. Tamara volvió a comerme la boca en otro beso interminable y sonriendo me pidió que fuéramos también arriba. Verla caminar delante de mí contoneando sus caderas enfundadas en unas calzas de color blanco hizo que mi verga me doliera de tanta excitación.
Al llegar encontramos a Anita y Ricardo desnudándose, mientras se besaban y tocaban, demostrando una calentura infernal.
Tamara en dos segundos también quedo vestida solamente con medias de nylon y los increíbles taco aguja que realzaban sus interminables piernas torneadas. Su verga no estaba todavía totalmente erecta, pero se veía de un tamaño enorme.
Abrió su bolso y sacó un arnés que venía provisto de un pene de látex de una dimensión considerable, junto con un pote de gel lubricante. Se acercó a Anita, lamiéndole las tetas y metiéndole un par de dedos en la concha, para sacarlos enseguida mojados con los jugos de mi caliente esposa.
Luego le apoyó su verga un poco más erecta entre las nalgas y le colocó el arnés en la cintura, ajustando las cintas y lubricando el pene artificial con el gel.
Ricardo mientras tanto calladamente fumaba en un rincón, presenciando todo con una mirada divertida, mientras despacio se masajeaba su enorme verga.
Tamara me pidió que me pusiera en cuatro patas en la cama, para que mi mujercita pudiera penetrarme con ese pene de látex. Me aseguró que eso ayudaría para que después pudiera sodomizarme ella con su pija gigante, sin desgarrarme.
Yo no estaba muy convencido de perder mi virginidad anal de esta manera, pero la mirada lujuriosa de Anita me excitó de una manera increíble y entonces hice lo que Tamara pedía. Pude notar que mi esposa se acomodaba de rodillas a mi espalda y luego sentí que me penetraba muy despacio con ese pedazo de látex.
Giré mi cabeza para mirar a mi esposa; que estaba excitadísima mirando como el pene artificial se perdía dentro de mi culo. Pude sentir que pasaba mi esfínter y finalmente se detuvo cuando me lo metió por completo hasta el fondo de mi hasta ahora estrecho ano.
Me ardía intensamente, pero a la vez me provocaba mucho placer y casi ningún dolor. Muy suavemente Anita comenzó a moverse hacia adelante y atrás, sin sacármelo por completo de mi ano: cada vez que entraba, me sentía invadido por una ola de placer, que se manifestaba en un calor intenso y un ardor increíble.
“Ahora ya ves, mi amor, lo que se siente cuando te la meten por el culo” me dijo.
Mi mujercita sonreía mientras se balanceaba penetrándome. Tamara la dirigía, pero repentinamente se acostó boca arriba por debajo de mi cuerpo, tomando mi verga dentro de sus labios, dándome una mamada colosal, agregando más placer todavía a la penetración que me daba Anita.
Mientras me la estaba chupando, separó sus piernas y me pidió que me dedicara a su verga, que estaba al alcance de mi boca. Dudé por un momento, pero enseguida la tomé entre mis labios y comencé a lamerla casi con desesperación.
Ricardo se reía mientras continuaba masajeándose la verga.
“Así que resultaste flor de puto, Flaco, te están rompiendo el culo y te estás comiendo otra poronga monstruosa al mismo tiempo”
Yo ni siquiera pude responderle, la excitación que me producía la combinación de la sodomía y la fellatio era demasiado intensa, me sentía un poco mareado, casi afiebrado por tanta calentura.
Unos pocos segundos después vacié toda mi leche en la garganta de Tamara.
Ella se incorporó mientras tragaba todo, besándome con la boca abierta, haciéndome sentir el sabor de mi propio semen. Luego se arrodilló detrás de Anita, lubricándole el culo con el gel, para penetrarla de un solo saque. Mi mujercita dejó escapar un aullido de dolor y placer al sentir esa enorme verga en su culo, pero no paró ni por un instante de bombearme. A esa altura mi culo estaba tan dilatado que ya parecía estar anestesiado, casi no sentía nada de dolor ni ardor, solamente un intenso placer.
Tamara bombeó con mucha intensidad el delicado culo de mi esposa, haciendo que Anita aullara gozando de placer. De repente se salió, pidiéndole a Ana que también me sacara el aparato de mi culo.
Anita entonces se bajó de la cama y fue directamente gateando a la entrepierna de Ricardo, a deleitarse lamiendo esa poderosa herramienta que mi amigo ya había endurecido mientras nos miraba coger a los tres.
Enseguida sentí la enorme verga de Tamara en mi culo, Era realmente de gran tamaño y además dura como una piedra, Pude notar la diferencia con el látex. Por suerte mi ano estaba bastante dilatado y no me dolía prácticamente nada.
Tamara me embistió de entrada, llenando por completo mi cavidad anal. Luego comenzó a acrecentar su ritmo, lo cual me produjo cierto ardor, pero enseguida el poco dolor dio paso al placer. Sentía que mi pija otra vez comenzaba a endurecerse.
Ricardo mientras tanto tenía su gigantesca verga también durísima, producto de la intensa mamada que le estaba dando mi esposa; así que le indicó a ella que tomara la posición anterior de Tamara debajo de mi cuerpo, mientras él subía a la cama detrás de su amiga.
Sentí los labios de mi esposa alrededor de mi verga y comencé a delirar de placer. Tamara gimió largamente al notar que la enorme pija de Ricardo comenzaba a sodomizarla, pero tampoco ella disminuyó su ritmo de bombeo dentro de mi culo.
Unos minutos después Tamara me llenó el ano con toda su leche, que pude sentir bien caliente y luego de bombear un poco más, finalmente se retiró, dejándome caer de costado, mientras los delicados labios de Anita seguían intentando hacerme acabar en su hermosa boca.
Podía oír los bufidos de Ricardo mientras le daba duro por el culo a Tamara, mientras ella jadeaba salvajemente ante semejantes embestidas.
Finalmente mi esposa logró hacerme acabar en su boca, tragándose toda mi leche, mientras el mecánico aullaba y se vaciaba dentro de Tamara al mismo tiempo.
Los cuatro quedamos acostados por un buen rato, recuperando el aire y el pulso.
Luego nos vestimos en silencio y nos despedimos de ellos con la promesa de repetir todo en una próxima visita.
Había sido una experiencia increíble. Me habían roto el culo, llenándomelo de semen y eso me había causado un placer indescriptible. Realmente me había gustado, porque dentro de todo, sentía que le había entregado mi culo virgen a una mujer con pene y no a otro hombre.
Mientras acariciaba los labios vaginales dilatados y húmedos de mi delicada esposa, tendida a mi lado en nuestra cama, pensaba en que ya nada seria igual…

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