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Mi regalo de cumpleaños

Amateur

Mi regalo de cumpleaños
Esa mañana no me desperté cuando Víctor se levantó para ir a su oficina.
Más tarde recibí un mensaje suyo en mi celular.
“Hoy voy a adelantarte tu regalo de cumpleaños” “Te va a gustar”.
Las sorpresas nunca me han gustado demasiado, pero su tono enigmático realmente me provocó cierta curiosidad y algo de excitación…

A media tarde recibí otro mensaje: “Quiero que te vistas sexy y prepares tu cola”.
Eso ya me hizo humedecer, no era costumbre de Víctor anunciarme que deseaba sodomizarme; al menos, no recordaba que lo hubiera hecho antes…
Para esperar su llegada, sin ser muy consciente casi, me vestí más sexy que de costumbre: tacones muy altos, una falda bastante breve, que apenas me cubría la cola; camiseta negra de algodón con un escote más que provocativo… y por supuesto, nada de tanga…

Cuando ya comenzaba a caer el sol recibí su último mensaje: “Vas a esperarme con la puerta abierta, de rodillas en medio del salón, con los ojos vendados, las manos atrás en total sumisión y sin hablar…”.

Esto me sorprendió sobremanera, ya que mi adorado maridito no me tenía acostumbrada a estos juegos de dominación. Pero decidí seguirle la corriente.

Un rato después, cuando alcancé a oír que se detenía el ascensor en nuestro piso, dejé entreabierta la puerta, terminé de vendarme los ojos y me arrodillé sobre la alfombra, esperando con las manos atrás y cierta excitación la llegada de “mi Amo”….

Se abrió la puerta y unos pasos sonaron apagados sobre la alfombra. Enseguida unos dedos hurgaron directamente entre mis humedecidos labios vaginales.
Un susurro apenas audible dijo: “Perfecta, bien humedecida mi puta”

Oí el ruido de un cierre relámpago al abrirse y supe que se estaba desnudando frente a mí. Enseguida sus manos me tomaron por los cabellos y su gruesa verga rozó mis labios rojos, haciéndolos abrir. Suspiré profundamente, sentí cómo me hacía echar la cabeza hacia atrás y abrí bien mi boca para comerme esa hermosa verga.

Mientras la lamía y devoraba, podía escuchar sus gemidos de placer y unos clics de una cámara de fotos. Me pareció extraño que Víctor hiciera eso…

Unos minutos después mis mandíbulas me dolían de tanto abrirlas para dejar que me enterrara esa prodigiosa pija en mi boca.
De repente volvió a jalarme del cabello y me hizo inclinar hacia adelante, obligándome a apoyar mi frente contra el suelo. Comprendí que había llegado el momento de mi regalo de cumpleaños: una buena sesión de sodomía salvaje y descontrolada…

Sentí un líquido viscoso deslizarse por mi raja. Estaba frío y me provocó un gemido anticipado de placer. Enseguida pude sentir un dedo pulgar apretando un poco y luego más, hasta entrar entero dentro de mi ano, traspasando mi esfínter, provocándome más placer todavía. Continuaba oyendo los disparos del flash de la cámara de fotos.

Cuando mi entrada trasera estuvo bien dilatada y lubricada, sentí que me tomaba por las caderas y su dura pija se apoyaba buscando penetrar mi estrecho orificio…
No le llevó mucho esfuerzo, gracias al gel lubricante.

Estuvo bombeando su verga durante un buen rato; cada vez que mis gemidos aumentaban en volumen, me hacía callar, diciéndome muy quedo que las putas no deben gritar cuando les rompen el culo…

A pesar del efecto lubricante, su verga me dolía bastante en el fondo de mi culo; particularmente hoy, sentía que esa verga de mi adorado esposo estaba más dura que de costumbre.
La primera palmada en mi cola llegó por sorpresa, luego otra y otra más, no me dolía, no me disgustaba; era una mezcla de placer y de dolor que nunca antes había sentido, siguió dándome azotes, a veces con la mano, a veces con una especie de látigo de varias tiras muy suave, pero que hacía que me ardiera un poco más la cola.

Pronto ya sentía al rojo mis nalgas, ardiendo bajo los azotes. Le pedí que parara con eso y que me cogiera la cola, pero él continuó castigándome un poco más.

Finalmente llegó mi instante de calma, cuando dejó de azotarme, me aferró firmemente por mis caderas y dejó explotar su pija dentro de mi ano, llenándomelo de semen muy caliente. Más caliente que nunca…

Me quedé en la misma posición recuperando el aliento. Esta vez no había podido acabar yo antes que él, pero de todas maneras, sentía una relajación absoluta con mi cola llena de su leche.

De pronto dejé de oír otros sonidos. Me incorporé, me quité la venda de los ojos y comprobé que estaba sola. No había rastros de mi esposo por ningún lado…

Fui al baño a darme una ducha refrescante. El culo me dolía bastante con semejantes embates y las nalgas me ardían de tantos azotes. Sentía el semen escapando de mi ano bien dilatado e irritado, deslizándose entre mis muslos.

Al salir del baño me encontré con la mejor sorpresa: mi adorado Víctor estaba en medio del salón, con un hermoso ramo de rosas rojas, mis favoritas. Con una amplia sonrisa me besó, diciéndome que me adelantaba su regalo por mi cumpleaños.

Lo miré extrañada, sin entender demasiado…

Entonces volvió a sonreír, explicándome:

“Pensé que ibas a preocuparte por estar incomunicados; hoy temprano le presté mi celular a un compañero de oficina y el muy idiota se retiró temprano, sin recordar devolvérmelo…”

Sonreí y tuve ganas de decirle:
(“No te preocupes, amor; ese turro te lo devolvió con creces…”)

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