Uncategorized

Todo mi cuerpo y mi mente (II)

Babes

Todo mi cuerpo y mi mente (II)
Han pasado 5 horas, meto la llave y abro la puerta. Te busco por la habitación, el baño, el balcón… no hay rastro de ti. Temo que te hayas asustado demasiado.

Te llamo:

– Alicia!

De repente oigo crujir la puerta del armario. Lo miro y asomas. Noto en tus ojos que has llorado, asustada y nerviosa por quién podría entrar.

Te voy a buscar, te cojo la mano y te abrazo. Te susurro que me desnudes.

Obedeces, lentamente me quitas la ropa. Hago que me sigas al baño, abro el grifo de la ducha y entro.

Enciendes una vela que dejé en el baño, música suave y entras tras de mi.

Me abrazas, buscas mis besos desesperada mientras pongo jabón en mis manos y recorro tu cuerpo. El agua y el jabón se llevan tu maquillaje y tus nervios por el desagüe. Te volteo y me ofreces tu cuerpo con las manos apoyadas en la pared. Un chorro de jabón en tu culo y un dedo se desliza dentro de tu ano, despacio. Se que no te gusta, nunca lo has hecho y te escapas. Solo ha entrado un poquito mi dedo y ya noté que necesitas mucho tiempo para abrirlo.

Tu coño sí me acepta sin problemas, chorreas tanto como cuando hablabas con tu marido la pasada noche. Aprieto tus tetas mientras te penetro fuerte desde atrás, siento que te lleno. Jadeas y pides más. Se que no aguantaré y no quiero llenarte el coño de semen aún.

Hago que te pongas de rodillas y empiezo a follar tu boca. Entre mi polla y el agua que cae en tu cara sientes que te ahogas, pero no dejo que te muevas. Logras soltarte y caes de culo, con las piernas abiertas. Me miras. Cierro el grifo y te agarro del pelo. Vuelvo a follarte la boca. Esta vez no te puedes librar y sientes mi corrida llenándote. No puedes tragarlo todo, toses, el semen sale por tu nariz, por la comisura de tus labios. Ya no me corro pero no la he sacado, tu lengua se enrosca y juega con mi pene aún erecto, clavado en tu boca.

Te hago salir de la ducha mientras abro de nuevo el grifo para limpiarme. Fuera te secas y me esperas para secarme a mi. Una vez secos los dos, te llevo a la cama, te acerco un bote le crema y hago que me masajees. Tus manos me recorren, pero no tardas en dedicarte a mi pene de nuevo. Te detengo.

– Durante 30 minutos no puedes tocarlo. Haz un buen masaje.

Recorres mi cuerpo, me acaricias, rodeas mis genitales sin tocarlos. Es tan agradable que me duermo. Te tumbas a mi lado y piensas:

“Esto es la sumisión??? Pues ya me hubiera gustado ser sumisa hace 20 años.
Siempre fantaseando ser sumisa y humillada pensando que sería excitante síquicamente y me gusta aún más físicamente.
Sería su esclava toda la vida”.

– Alicia, despierta.

Abres los ojos, bostezando, y al ir a frotártelos te das cuenta que estás encadenada. En la mesilla de noche hay algo que compré mientras te dejaba sola. Un vibrador metálico, no muy grande pero que te excita.

Tengo un papel en mi mano. La factura, pagada con tu tarjeta.

– Tienes que explicar algo a tu marido. Luego le llamas.

Acaricio tu cuerpo y te siento caliente. Ya no quedan rastros de los nervios pasados. Cojo el vibrador y lo pongo sobre tus labios apagado. Lo besas, tu lengua sale a su encuentro y lo acompaña dentro de tu boca. Lo chupas con ganas, empapándolo.

Voy a la nevera y cojo un hielo, lo paso por tus labios, recorro tu cuello y bajo a tus pechos. Tu piel se va erizando, tus pezones se endurecen…

El vibrador sigue al hielo y ahora, encendido, juguetea con tus pezones.

El hielo baja, pasa a tu ombligo. El vibrador le sigue.

El hielo baja, moja los pelos en tu pubis… sabes que el vibrador le seguirá. Abres las piernas por instinto, no creo ni que lo hayas pensado.

Recorro tus labios externos con el hielo y el vibrador se queda sobre tu clítoris. Sigo jugando hasta que se acaba la batería.

Se que estás cansada, perdí la cuenta de tus orgasmos mientras estabas atada, con el vibrador sobre el clítoris y el hielo metido dentro. Se ha derretido hace tiempo y mis dedos han ocupado su lugar.

– Es hora de cenar.

Te doy una blusa escotada, una falda corta y unos zapatos de tacón. No llevarás nada más.

Vamos a un japonés con reservados. Estamos solos, solo hay una mesa en el centro y cojines donde sentarse. Nos quitamos los zapatos y entramos. Se cierra la puerta y no sabes como sentarte, sea como sea se te ve algo. Te observo divertido.

Viene el camarero con la comida… casi se le cae embobado con tus piernas. Hasta donde habrá visto?

Comemos, hablamos. Te pregunto que te parezco, ¿Esperabas que fuese así el fin de semana?

Bir cevap yazın

E-posta hesabınız yayımlanmayacak. Gerekli alanlar * ile işaretlenmişlerdir

antep escort izmir escort tuzla escort