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Ana relata su noche fuera de casa

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Ana relata su noche fuera de casa
En el baño Ana se quitó los jirones de ropa que le habían dejado y entonces pude comprobar, con sorpresa y horror, que su cuerpo había quedado muy maltrecho luego de una brutal sesión de sexo.

Tenía rasguños y zarpazos marcados en la cara interna de sus muslos; las nalgas enrojecidas evidentemente por azotes.
Tenía moretones en los antebrazos y las muñecas, como si la hubiesen maniatado.
El orificio anal estaba dilatadísimo, mucho más que en otras oportunidades, dejando escapar todavía semen fresco, al igual que los labios vaginales, totalmente abiertos e inflamados.
Se podía ver que la habían sometido con mucha brutalidad…

Me adivinó el pensamiento, porque me dijo que la habían abusado entre varios hombres varias veces durante la noche y me pidió perdón por haber disfrutado y gozado cada instante de todo eso.

Cuando se deslizó dentro del agua tibia, comenzó su relato:

“Fuimos directamente a la verdulería, ya que Sergio dijo que había olvidado unos documentos en su casa. Quiso que lo acompañara a buscarlos y en cuanto estuvimos adentro me pidió que lo dejara cogerme, ya que su papel esa noche era sólo el de conductor.

Me sorprendí, ya que pensaba que Eduardo y él me compartirían como habían hecho la primera vez en casa.

Sergio disfrutó de un breve striptease que le hice y me llevó hasta la cama, indicándome que me iba coger como a una perrita. Le recordé que debía usar un condón, así que en apenas un par de segundos ya tenía esa enorme verga recubierta en látex lubricado. Cerré los ojos y traté de relajarme, sintiendo que esa pija enorme y tiesa se abría paso muy lentamente entre mis labios vaginales y me llenaba la concha hasta el último rincón.
Así estuvo un rato, bombeándome muy despacio, algo extraño en él, que siempre fue muy bruto, hasta que se arqueó y aulló como un verdadero lobo, dándome a entender que había acabado.

Luego se salió y comenzó a vestirse, muy callado, casi triste. Yo no había podido acabar, así que fui al baño a vestirme y mientras me lavaba en el bidet, me masturbé aprovechando el chorro de agua tibia. Fue muy relajante y placentero.

Luego volvimos al auto y fuimos hacia las afueras por la autopista. Viajamos en silencio y después de un par de horas llegamos a una linda casa quinta, donde Eduardo nos esperaba en la puerta.

Le gustó mi atuendo, diciendo que iba a complacer a sus invitados. Me acarició el culo con las dos manos y me besó largamente, advirtiéndome que esa noche me iba a entregar a unos amigos.
Quedé algo sorprendida, pero en silencio lo acompañé hasta adentro, luego de que despidiera a Sergio con gesto desdeñoso.

El interior de la casa estaba bastante oscuro, las habitaciones bien espaciosas pero casi sin decoración ni muebles, un ambiente muy depresivo en general.

Eduardo me llevó a una especie de vestíbulo y me hizo apoyar en el respaldo de un sillón. Se puso a mis espaldas y me quitó la pollera, sintiendo enseguida que frotaba su durísima verga contra mi cola.
Me dijo que a sus invitados solamente les interesaba dar por el culo y por lo tanto él me iba a preparar para que no me doliera.

Así como estábamos me la metió por la cola despacio, haciéndome gritar de dolor, ya que estaba bastante estrecha. Enseguida noté que empezaba a gozar mi primer orgasmo. Me bombeó a buen ritmo, me acarició las tetas y me susurró al oído que mi actitud de puta sumisa lo calentaba muchísimo y que yo era la mejor perra que se había cogido en su vida.
Eso aceleró mi orgasmo y mientras mi concha se empapaba, sentí que Eduardo me llenaba el ano con su semen caliente.

Luego dijo que me acomodara la ropa y me llevó a otra habitación. Antes de entrar me vendó los ojos con un pañuelo de seda negra, diciendo que no podría ver quiénes eran sus invitados.
También me ató las manos a la espalda, advirtiéndome que así no me podría resistir ni defenderme cuando me sodomizaran…

Después abrió la puerta y me hizo avanzar, mientras escuchaba varias voces de aprobación. Eran todos hombres, nunca supe cuántos; se turnaron para cogerme durante toda la noche.

Eduardo me presentó como su puta personal, dispuesta a complacerlos en todo lo que se les ocurriera. Sentí que se movían de sus asientos y me rodeaban. Olían a whisky y tabaco rancio.

Alguien abrió mi chaqueta, mientras unos dedos me acariciaban las tetas, haciéndome gemir de placer, hasta que otras manos de repente tironearon de mi camisa, arrancando casi todos los botones y destrozándola en jirones.

Otro me rompió la falda, creo que con una navaja, mientras sentía que una verga bastante dura se apoyaba contra mi culo. Alguien se agachó y comenzó a acariciarme los tobillos, subiendo hasta mis muslos.
Tuve que separar un poco las piernas para mantener el equilibrio, así que esas manos pudieron llegar hasta mi labia expuesta.
Sentí un cosquilleo eléctrico cuando un par de dedos invadieron mi raja, me masajearon bien expertamente el interior, haciendo que mis gemidos fueran más audibles todavía.
Después me metieron esos dedos en la boca, para que saboreara mis propios jugos.
Otra mano ya masajeaba mi cola y un dedo entraba en mi ano, luego un segundo dedo se abría paso y finalmente un tercero.
Me estaban dilatando al máximo; yo me estaba calentando mal, quería que me cogieran entre todos, quería ser sometida por ellos sin piedad. Quería sus pijas dentro de mi culo…

Me sentía indefensa así maniatada, pero a la vez terriblemente caliente y excitada, quería que me cogieran de una buena vez. Alguno adivinó mis pensamientos, porque dijo.

“Caballeros, parece que ya está lista esta puta; comenzamos…?”

Por toda respuesta, uno de ellos me dio un fuerte puñetazo en el estómago, que me dobló en dos de dolor, dejándome sin aire. Cuando abrí la boca intentando respirar sentí que una verga se introducía hasta el fondo de mi garganta y unas manos me aferraban por los hombros para que no pudiera retroceder.

Al mismo tiempo, otro me aferró por las caderas y me enterró una poronga bastante grande y dura hasta el fondo de mi culo, de un solo golpe.
Me soltó el rodete del peinado y me tiró del pelo hacia atrás, haciendo que sus embestidas brutales me llevaran hacia adelante, al encuentro de la enorme pija en mi garganta, que me asfixiaba.

Unos duros golpes comenzaron a caer sobre mis nalgas y piernas, como si utilizaran un látigo o una varilla fina; podía sentir que mis medias de seda se iban rompiendo a pedazos, los latigazos dolían muchísimo, sentía que la piel me ardía.

El hombre en mi culo acabó bastante rápido, para dejarle su lugar a otro, que me lo abrió otra vez en una sola embestida, con una verga mucho más gruesa y tiesa que la anterior.
Enseguida comenzó a bombearme con un ritmo enloquecedor. Dolía muchísimo a pesar de que ya tenía el interior bastante lubricado con las acabadas anteriores.

La verga en mi boca se vació de golpe, llenándola de semen que quise escupir para no ahogarme, pero unas rudas manos me sujetaron la cara y me dieron un par de cachetadas para obligarme a tragar toda esa leche; alguien me llamó “puta”.

Enseguida otra pija dura ocupó mis labios, haciendo que abriera mi boca al máximo porque era muy gruesa; pensé que si me cogían con eso, seguramente iban a desgarrarme.
Alguien comentó que a mí parecía gustarme ese maltrato…

El que me estaba sodomizando se echó hacia atrás y dejó escapar un alarido de placer, al tiempo que sentía toda su descarga dentro de mi culo. Siguió embistiendo un poco más, mientras me arañaba las nalgas con unas uñas muy afiladas, para finalmente sacarme esa verga ya no tan endurecida.

Por supuesto, enseguida su lugar fue ocupado por otra pija y mi culo volvió a sentirla bien a fondo…

Después perdí la cuenta de todo lo que me hicieron, ya que estuvieron turnándose el resto de la noche llenándome el culo de semen; azotándome con varillas y una toalla mojada, pegándome cachetadas cada vez que mostraba poca colaboración y por supuesto, se preocuparon bien en hacerme entender que eran unos machos duros que me rompían el culo sin compasión.

Fueron por lo menos cinco tipos, uno mejor dotado que otro, las vergas siempre duras y listas para cogerme, un rendimiento increíble, ya que parecían todos hombres bastante mayores…

El final fue como yo lo suponía: mientras estaba arrodillaba lamiendo una pija no tan dura a uno de ellos en el suelo, el de la verga más gruesa se acomodó a mis espaldas y me la metió por el culo sin piedad, en un solo golpe, brutal.

Por suerte ya estaba bien dilatada y lubricada con tanto semen escurriendo de mi ano, pero igualmente sentí que esa pija me dolió más que ninguna otra. Para colmo, estuvo un buen rato bombeándome sin acabar, el hijo de puta sabía lo que hacía, era un sádico que solamente quería destrozarme el culo sin piedad…
Por fin sentí que se tensaba y acababa bien adentro.

Habían pasado varias horas y yo quedé desmayada en el suelo.
Por fin se retiraron y Eduardo me levantó del suelo.
Se sentó en un sillón y me acomodó boca abajo atravesada sobre su cuerpo, como si fuera a azotarme la cola.

Entonces me metió un par de dedos en la concha y comenzó entrar y salir con un ritmo frenético. El roce contra mi clítoris me volvió completamente loca, hasta que acabé aullando en un orgasmo brutal sobre su mano.
Luego me dio un beso en la frente y llamó a Sergio, que estaba esperando afuera y le ordenó que me trajera a casa.

Por último le advirtió que ni se le ocurriera cogerme en el camino, pero que antes de llegar me llenara la boca de leche, como recuerdo para vos. Y eso es lo que hizo Sergio al final”

Anita estaba exhausta al finalizar su relato; la dejé sola para que se relajara un poco en el baño de agua caliente y me fui al comedor, donde me serví un vaso de whisky mientras seguía pensando que todo esto era demasiado pesado y morboso…

Pero a Anita y a mí nos excitaba demasiado…

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