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Blas…

Blas…
Gracias TPM…

El Toñín, Toñí o el Toñito que así era llamado antes de recibir su apodo, tenía las orejas algo grandes y salidas hacia afuera, por eso fue rebautizado con el apodo de “El Epi” era mucho mejor a que le llamaran orejón.

Con el paso del tiempo, llegó a asimilar dicho insulto como algo bueno y hasta consiguió hacerse popular en el patio de la escuela donde todo el mundo pasó a llamarlo Epi a secas.

Era un buen deportista y un chico bastante guapo (al menos eso pensaban las chicas de su clase), por lo que no le costó mucho el hacerse de sus primeras novias.

Finalmente, tras dar el estirón propio de los adolescentes, sus orejas quedaron ocultas en su abundante melena. Ya ni siquiera nadie se acordaba del origen de su apodo por lo que empezó a presentarse ante todo el mundo como:

Epi

-Mira, tú te llamas Epi, y yo soy Blas. ¿Qué casualidad no? -Le dijo el hombre con una sonrisa boba mientras le daba un fuerte apretón en la mano

– ¡Como los de Plaza Sésamo, el mago…. con el conejo….! -Le volvió a insistir al ver como ese tal Epi no había parecido pillar y mucho menos entender el chiste.

Durante unos breves segundos, Epi lanzó sus pensamientos hacía ese pasado que había dejado definitivamente atrás.

Sobre todo, ahora que se había convertido en todo un universitario. (El primero de su familia)

-Sí, sí. Sé de lo que me hablas pues crecí viendo ese programa- Le dijo finalmente el Epi con una sonrisa.

“Además el apodo me viene de ahí”-Pensó, pero ya sin ni siquiera m*****arse en confesar que ese no era su verdadero nombre.

– Es curioso que llamándonos de esa forma acabemos compartiendo depa, solo espero no tener que dormir en la misma cama como hacían ellos.

El hombre empezó a reír para recalcar que acababa de soltar un chiste. Algo malo y fuera de lugar, pero un chiste, al fin y al cabo.

Epi, estuvo a punto de contestar que primero quería hacerle una serie de preguntas para ver si era o no la persona que estaba buscando, pero le había hecho tanta gracia el “homofóbico” comentario que afirmó con la cabeza mientras comenzaba a enseñarle el depa.

Recorrieron las habitaciones mientras se contestaban las preguntas pertinentes que hacía el uno. Mostrando con ello un cierto interés sobre cuál sería su cuarto, la parte del refrigerador que podría usar, y cuáles serían los turnos de limpieza, etc.

El Epi, por su parte, le preguntó por su procedencia, por qué quería compartir piso y sobretodo la edad. Casi todas las respuestas del hombre le convencieron excepto la última.

Por eso termino diciendo:

-Creo que no deberíamos seguir viendo lo demás, pues no creo que seas la persona que ando buscando.

– ¿Por qué lo dices? -Le preguntó ese hombre que se dio la vuelta para mirarlo algo decepcionado.

-No, si no es por nada. Es porque había pensado en compartir el depa con un estudiante y tú no lo eres.

– ¡No, soy albañil! Pero no creo que mi profesión sea un problema para ti.

El Epi algo turbado por la situación agachó la cabeza antes de decirle:

-No es que te veo un poco mayor. ¡Tienes casi la edad de mi padre!

– ¡Me lleva la chingada! – dijo el hombre con cierta m*****ia antes de proseguir:

-El precio del alquiler, aunque un poco caro, me parece razonable.

El Epi afirmó con la cabeza

-La zona es buena.

Ambos miraron por la ventana del comedor, ya que desde ella se veía el centro comercial, a medio construir, y que quedaba a escasos cincuenta metros a pie.

“¡Si aquel lugar pronto sería uno de los sitios mejor considerados de la ciudad y posiblemente el precio del alquiler subiría todavía más!”-Pensaron ambos

-También estoy dispuesto a compartir los gastos de luz, gas y agua. No comeré aquí, ni estaré mucho tiempo en el piso, por lo que no interrumpiré mucho tus horas de estudio. Me puedes decir entonces ¿Por qué el único problema para ti es la edad que yo tenga, es en serio????? -Acabó por preguntarle ese hombre

El hombre parecía estar más que m*****o. Por eso Epi le respondió por su nombre.

-No, mira Blas. Es que no se si estoy buscando un roomie o no. La verdad es que no tengo muy claro que quiera compartirlo con alguien.

Ante los ojos de extrañeza con los que lo miraban el Epi comenzó a relatar que la idea en un principio había sido de sus padres. Ellos habían obligado al joven a poner ese anuncio en la tienda del barrio, donde ese hombre había recortado un pedazo de papel con el teléfono y la dirección.

– ¿Entonces porque cuando te he llamado no me has dicho que ya lo tenías alquilado?

Decidió mentir, pues si le volvía a decir que por teléfono le había parecido más simpático y sobretodo mucho más joven es posible que finalmente esa mañana se terminara llevando más que un insulto.

– ¡Es que estaba estudiando y me has agarrado un poco distraído! … ¡Lamento mucho el haberte hecho venir hasta aquí!

El hombre lo miro durante unos instantes a punto de decirle lo que estaba pensando:

“No si más que distraído pareces un pende…, pero también otra cosa que si te lo digo no me alquilas el piso ni a tiros”

Pero en lugar de eso termino diciendo:

– ¡Mas lo siento yo que tengo casi todos los días que hacerme más de una hora entre el autobús y el metro para venir a trabajar a la obra que hay enfrente!

– ¿No vives aquí? ¿En esta parte de la ciudad? – matizó el joven con sus preguntas.

-No, cada día voy y vengo, de los suburbios hasta acá. Vivo con mis padres desde que me divorcié hace un año y pico, pues la puta de mi mujer se queda con la mitad y un poco más de lo que puede sacarme de mi sueldo.

-Tendrás que seguir buscando-Le dijo finalmente Epi al entristecido rostro de Blas.

-Sí y tú tendrás que seguir engañando a los que vengan a ver o preguntar por el piso pues cuando he recortado el papel quedaban solo tres papelillos en la hoja.

El Epi miró por la ventana donde varios de los albañiles seguían levantando un edificio que cuando estuviera en pie le terminaría robando al piso las estupendas vistas del parque que tenían delante.

“De vez en cuando hacía una pausa para descansar un poco la mente del pesado y tedioso estudio, le gustaba observarlos. Aquella gente era trabajadora y este que tenía delante en el fondo no parecía tan mal tipo. (A pesar de la edad)… Tenía sus dudas, pero…Finalmente habló”:

-Podemos hacer una cosa, probamos una semana, pero si mis padres no te ven bien. Te vas ¿va?

– ¡Carajo! ¿Y qué van a ver mal tus padres en mí?… ¡Ni que me tuvieran que elegir como yerno!

Y así comenzó de esta forma la primera semana de convivencia en la que apenas cruzaron más frases del hola o adiós que fugazmente se soltaban cuando coincidían en los pasillos.

Blas no le había mentido y apenas paraba en el depa, por lo que Epi no veía con la presencia de ese hombre en la casa m*****ia alguna durante sus largas horas de estudio.

Sin embargo, si hubo de verse algo ruborizado al hallar en el baño que ese hombre dejaba los calzoncillos usados o su ropa sucia tirada por el suelo.

Sin darle más importancia la recogió para llevarla hasta la lavadora mientras por el camino percibió el profundo olor a macho que esas prendas emanaban.

En el fondo aquello no le importaba demasiado pues con el tiempo se había terminado acostumbrado a hacer lo mismo con la ropa usada de su propio padre y este hombre tenía casi la misma edad.

“Menos mal que se baña todos los días!”-Pensó el joven mientras introducía los olorosos calzones dentro de la lavadora.

¡Esa era otra!, también cuando lo oía bañarse y se encontraba con el saliendo del baño antes de que se encerrara en su habitación, no podía evitar el admirar por unos instantes ese cuerpo semidesnudo. El hombre solo llevaba anudada una toalla en la cintura, y se lo veía con un cuerpo musculoso y bien formado.

“Algo muy malo debía de haber hecho ese hombre para terminar divorciándose, porque por tener un cuerpo descuidado y fofo no era, ni tampoco por la convivencia ya que Blas, no dejaba de ser un compañero bastante agradable”-Todo esto que Epi pensaba, lo hacía cuando Blas pasaba a su lado por el pasillo, haciendo que el aroma a limpio, que desprende un cuerpo recién bañado, inundara sus fosas nasales y le perturbara el pensamiento.

Sin dejar de mirarlo, se pegaba a la pared lo máximo posible para permitir el paso de esa mole de carne y músculo sin que se produjera el más mínimo roce entre ambos.

Blas a veces se paraba también para preguntarle cualquier cosa de los estudios. Si necesitaba ayuda con la compra, o si le podía comprar, espuma de afeitar o desodorante o alguna otra cosa que necesitara, ya que por lo visto Epi prefería ir solo.

-Tengo el dinero en el cuarto si quieres me cambio y me voy contigo

-No no, prefiero ir yo solo- volvía a insistir Epi.

-Pues espérate y te doy un billete para que puedas pagar lo que te encargo.

– ¡Ya me lo pagaras cuando cobres! -acabó por decirle

Lo último que le faltaba ahora mismo después de presenciar ese cuerpo semidesnudo era el tener que esperar en la puerta de una habitación sabiendo que en el interior había un macho andando semi desnudo mientras buscaba algo de dinero en su cartera.

Blas por su parte ajeno a los pensamientos del joven esperaba pacientemente a escuchar la puerta principal de la casa cerrarse, para poder al fin hacerse la diaria y reparadora jalada de verga que calmaba sus nervios e impaciencia por que llegara el viernes.

Epi salía a la calle más que turbado por la situación, pero era lo que necesitaba en esos instantes para retomar la concentración.

“Blas debía de ser apartado como fuera de sus pensamientos”

Nunca pensó que hubiera nada malo en ello, pues era normal que ese desconocido que se había metido en su casa de alguna forma terminara llamando su atención.

Con el tiempo se habituaría a verlo de esa indecorosa forma al igual que se había acostumbrado a ver desnudos a sus compañeros con los que semanalmente jugaba al fútbol.

Pero Blas resultó ser un macho de los que quedan pocos. Nada que ver con sus amigos y colegas. Algunos de ellos estaban buenos, pero ni estaban tan atléticos ni hacían que sintiera por ellos esa especie de atracción, tan extraña y a la vez tan sensualmente difícil de explicar.

A veces Blas lo descubría mirándolo medio embobado, por suerte ese macho nunca llegó a saber nada de todos aquellos pensamientos que se apretujaban en su cerebro y que no le dejaban pensar con claridad.

– ¿En qué piensas? – Le llegó a preguntar alguna vez Blas.

-No, en nada- Le respondía el joven con una cierta y estudiada maniobra evasiva.

Lo mejor en esos casos era acudir a alguna pregunta con la que distraer al hombre:

– ¿Qué tal el día?

-Pssss. ¡Igual que todos!

– ¿Has sudado mucho?

– ¿Sudar? -Le preguntó Blas sin dejar de mirarlo algo extrañado

-Bueno ya sabes en tu trabajo tendrás que sudar bastante. Más que yo supongo.

-Si claro, más que tú que estás ahí todo el día sentado moviendo los papeles de un lado para otro seguro. Pero con el puto frio que está haciendo este mes de enero, se suda poco y más cuando se están poniendo ladrillos en un tercer piso sin paredes

“Pues bien que te huelen la ropa y los calzones a sudor”-podría haberle dicho Epi a ese hombre, pero en lugar de eso siguió mirándolo sin decir nada.

Blas era alto. Tenía también el pecho cubierto con un espeso vello negro como el tizne y una barba de dos o tres días. Las piernas musculosas y cubiertas de vello negro del mismo color que el de su pecho.

Además, debía de tener un buen culo y unos genitales acordes a toda esa estructura de adonis, pero el Epi no había podido verlo desnudo, ya que cuando no andaba con la toalla anudada a la cintura por la casa llevaba un pijama de rayas recién estrenado y que seguro que se habría comprado para la ocasión.

-Voy a ponerme alguna camiseta, que tampoco es plan de pasarme todo el día de aquí para allá sin la parte de arriba dijo finalmente Blas algo ruborizado de verse observado con tanta insistencia.

-Si tienes frio lo veo bien.

– ¿Frio? Pero si esta casa es un puto horno. Entre que le da el sol casi todo el día y luego la temperatura a la que pones la calefacción voy a terminar asándome.

-A mí me gusta así- le mintió Epi

-Pues como no le bajemos dos o tres grados me parece que voy a terminar comprándome un traje de baño para poder andar un poco a gusto.

-Como quieras, pero no creo que vendan muchos de esos en enero. Tendrías que ir en ropa interior si tanto calor tienes.

Blas estuvo a punto de decirle de nuevo lo que pensaba, pero decidió callar por segunda vez. En lugar de eso apuro el último trago de su cerveza y mientras se iba en busca de otra a la cocina terminó diciéndole:

-Tu súbele un grado más a la calefacción y no pasara mucho hasta que me tengas por aquí andando en pelotas…

A Epi aquel ataque le pareció de lo más gratuito por lo que se defendió como pudo:

-Yo… es qué…. sigo teniendo frio.

Epi, al ser el propietario de la vivienda, gozaba de esos privilegios, podía elegir la temperatura a la que estaba la calefacción, y ocupaba la mejor habitación, esa que tenía su propio baño.

Al margen de esos problemas de temperatura apenas convivían, por lo que no había más quejas que resaltar entre ellos. Nunca cenaban juntos y a las compras iban cada uno por separado.

En cuanto a la limpieza de las zonas comunes, decidió seguir haciéndola Epi, pues era un poco escrupuloso con sus cosas y tampoco quería que nadie tocara de las repisas.

Más que nada por si Blas rompía algo y luego caían sobre él todas las culpas.

Además, por como dejaba la cocina llena de migas después de comer en ella, tenía sus dudas de que Blas supiera lo que era barrer el suelo, así que omitió la pregunta.

Finalmente, y tras casi un mes de convivencia el Epi pensó que Blas era un compañero de piso ideal…

…Hasta que llegó ese viernes por la noche.

Blas había llegado de trabajar cerca de las ocho y pico, se había bañado como de costumbre y agarrado algo del refrigerador. Pero cuando lo vio regresar al comedor con el pijama puesto Epi no pudo evitar preguntarle.

– ¿Hoy no sales?

– ¡No! -le contestó tajantemente Blas con cara de muy pocos amigos mientras se sentaba en el sillón justo después de encender la tele.

Volvió de nuevo el silencio a reinar en ese comedor, turbado solo por el ruido de la tele que de vez en cuando aumentaba de volumen cada vez que hacían una pausa para los anuncios.

Blas seguía mirando la pantalla ignorando por completo si con el ruido m*****aba o no al estudiante que intentaba asimilar inútilmente unos conceptos de álgebra para el examen parcial que tenía ese mismo lunes…

– ¿Tu tampoco sales? -Le preguntó Blas finalmente.

“¿Salir ahora? ¿A finales de Enero?”-Se auto-preguntó antes de contestarle.

-No, empiezo exámenes la semana que viene. Me gustaría muchísimo irme de fiesta con mis amigos pero, no creo que eso sea una buena idea.

– ¡Muy bien! -Le contestó Blas mientras volvía de nuevo su atención hacía la tele.

– ¿Y tú porque no sales de fiesta?-Le volvió a preguntar Epi, que estaba más que habituado a ver como cada viernes ese hombre “se ponía guapo” antes de salir del depa en busca de alguna hembra dispuesta a hacerle compañía.

-Pues porque esta tarde, al final con una cosa y con otra no nos han pagado las horas extras que nos debían y me dejan corto de dinero hasta el viernes que viene.

Blas estaba realmente enojado, por eso Epi decidió hacer un acto de generosidad sin precedentes.

“Eran compañeros de piso, y ya le devolvería el dinero ese hombre, aunque si no lo hacía siempre le quedaría la opción de descontárselo de la renta”

-Puedo dejarte algo de dinero, si quieres.

– ¿No jodas? ¿Te queda dinero????? -Le preguntó Blas totalmente emocionado

-Sí, bueno. Tengo un fondo para imprevistos que me dejaron mis padres por si alguna vez me urgía comprar algo. ¿Cuánto necesitas?

-Unos 2000 pesos.

– ¡Uta, pues sí que bebes tu cuando sales de fiesta! -dijo el Epi algo confundido de que le pidieran un dineral como ese.

-Cuando salgo de fiesta, no bebo, chaval. ¡Yo cojoooo!

Fue impactante la respuesta, pero más obsceno fue el gesto que hizo ese hombre. Mientras decía esa sucia palabra se agarró la verga por encima del pijama para agitarla con fuerza.

Epi miró por unos instantes hacía la entrepierna del hombre intentando discernir si eso que había agarrado era solo la verga o también había rodeado los huevos.

“Jamás podría preguntárselo y tendría que seguir con la duda. Ansiaba por saber del tamaño de los genitales del hombre y esta sería la vez que más cerca estuviera de poder saberlo”

Ante el gesto de sorpresa con el que lo miraban Blas decidió rematar sus palabras

-Ese dinero es para irme de putas. Si no cojo al menos una vez por semana estoy seguro de que me volvería loco.

-Ahhhhhh- Contestó el Epi con una sonrisa boba. Acababa de conocer al primer hombre de casi la edad de su padre que se reconocía como un busca putas…

Pues no podré dejarte más que mil pesos que es lo que hay en el fondo.

-¡Hombre con eso me chupan la verga y poco más! ¿Qué mierda de fondo de imprevistos es ese?

-Es lo que hay. Suficiente dinero como para poder comprar tanque de gas, pagar las fotocopias de química, pagar la luz o el teléfono, o salir al cine o de fiesta con mis amigos sin que mis padres se enteren.

-Ya, pero no hay para irte de putas.

-No creo que mis padres pensaran en eso cuando me lo entregaron- le contestó el Epi m*****o

-Bueno pues préstamelo entonces y te lo devolveré la semana que viene cuando cobre.

-No creo que deba…

-¿Por qué?-Le pregunto Blas mientras se incorporaba del sillón para acercarse hasta la mesa donde los apuntes del joven se esparcían por la superficie.

-Porque una cosa es dejarte el dinero para que te vayas de fiesta y otra bien distinta es dártelo para que lo gastes en juergas como esa.

-¿Qué pasa, que tú no cojes cuando sales de fiesta?

Epi dirigió sus pensamientos durante unos breves segundos a los dos o tres sobeteos que se había dado con la que hasta ahora había sido su novia más “dispuesta” y contestó:

-No, ni creo que vaya a hacer eso en mucho tiempo.

-¿Por qué lo dices?

-Porque en mi pueblo todas las chicas con las que he estado son unas mochas.

-Pues anda que yo, que solo cojo cuando pongo dinero de por medio.

– ¿Vaya mierda ser hombre no? ¡Ellas sí que la tienen fácil, bien que cada vez que quieren rabo se abren de piernas y seguro que encuentran a alguno que esté dispuesto a metérselas hasta el fondo!

-Sí…. Supongo…

-Y luego están los maricones que seguro que también se hartan de coger y de mamar vergas.

-Bueno no te creas.

– ¿Por qué lo dices? – Le pregunto Blas al joven con una inquisidora mirada.

-Por las enfermedades y eso ¿no?

-Ah bueno, pero se harán pruebas y esas cosas. ¿Tú te las has hecho?

– ¡Yo no soy maricón!

-Bueno yo tampoco…

-Pero tú sí podrías tener algo, te vas de putas y ellas también tienen cierto riesgo.

-Uso siempre condón…

-¡Me alegro!

– ¡Yo me cuido amigo, que este vergón que tengo me tiene que durar muchos años!

Esta vez el gesto obsceno se repitió a escasos centímetros de la cara del joven que sentado en la mesa apreció al final como una tremenda herramienta se ocultaba bajo el pantalón del pijama.

Callaron durante unos instantes, mientras Blas tomaba una de las hojas para seguir leyendo…

– ¿Qué estudias? -Le preguntó con los ojos fuera de sus órbitas al ser incapaz de entender nada de lo que allí había escrito.

-Algebra

– ¿Algebra?… ¿No era ingeniería?

-Sí, pero dentro de la ingeniería hay materias y una de ellas es el álgebra.

-Ahhhh. Pues a mí me parecen matemáticas.

– ¡Es que son matemáticas! – Le contestó el Epi mientras quitaba las hojas de entre las manos de Blas para colocarla en su sitio.

– ¿Entonces porque no lo llamáis matemáticas y ya está?

-No sé, porque tiene ese nombre.

-Vaya mierda de estudios los que hacen ahora. ¡Normal que vaya el país como va!

Epi lo miró m*****o y Blas se volvió al sillón al ver que ni entablando una conversación con ese chico obtendría su propósito…

– ¿Qué hora es?-preguntó al rato.

-Las doce y diez, ¿Por qué?

-Por nada, porque falta casi una hora todavía para la porno.

– ¿Qué porno?

– ¿Qué porno va a ser? … ¡La del canal plus!

-Pero si la emiten codificada.

-Y que tiene ese que ver para hacerte una chaqueta. A mí con verlos coger ya me voy imaginando lo demás.

Durante esa larga e interminable hora Epi no dejó de pensar en lo salido y caliente que había resultado estar su roomie. Cierto es que él también se la jalaba con cierta frecuencia pero, nunca imaginó que ese hombre a esa edad también podría estar en la misma situación.

-Mira ya ha empezado-dijo Blas al fin mientras dejaba el canal plus todo rayado en el televisor.

Con curiosidad, miró hacía la pantalla, pero no vio en ella más que un mar de rayas moviéndose de forma agitada y un ruido algo m*****o que distorsionaba la voz de los protagonistas. La emisión porno del canal plus era igual de m*****a de ver en codificado que cualquiera de las películas que emitía por el día, por eso no entendió como Blas podía encontrar ahí una forma de excitarse.

– Pero…. si no se ve nada, ¿Cómo puedes saber que ha empezado?

-Porque lo sé, mira como le están comiendo el coño a esa tipa, y si se apaga la luz todavía se verá mejor.

Intrigado se levantó para pulsar el interruptor de la luz y sentándose en el sofá se puso a mirar la tele.

Pero nada ni poniendo los ojos bizcos lograba intuir lo que estaba pasando en la película…

-No se ve nada Blas….!!! Que apagando la luz ni que nada -contestó Epi más que m*****o y a punto de levantarse…

– ¿Cómo qué no? Ahora se la están cogiendo y… ¿has visto la verga que calza ese tipo?

-¡No!- le contestó un Epi más enfadado todavía al tener que centrarse en descodificar en el mar de rayas la verga de un actor porno.

-Ese por lo menos es el Rocco Sifredi.

– ¿Cómo lo sabes?

-Porque es rubio,… la tipa también lo es.

-Pero si se ve en blanco y negro. ¿De dónde sacas que los actores son rubios??????

Al girarse hacía Blas, Epi vio como su compañero de piso se estaba cascando una paja en el sofá de su casa.

(Por lo menos había tenido la delicadeza de hacérsela por dentro del pijama evitándole el disgusto de tener que verle la verga a ese cuarentón salido)

-Blas…

– ¿Qué?

– ¿Te estás masturbando?

-Sí. ¿Qué pasa?

-Pues que preferiría que fueras al baño. El sofá lo compramos en el Palacio de Hierro y no quiero que se manche.

-Tranquilo que no es la primera vez que me la jalo en este sillón…

La afirmación de este hombre lo asqueo en parte, pero acabó por sentir una especie de cosquilleo en su entrepierna que logró que su pene se empezara a endurecer.

“Sera cosa de la película”-Pensó Epi sin apartar la vista de esa mano que zarandeaba una más que dura verga, todavía oculta, dentro del pantalón del pijama de su compañero de piso…

-Blas…

– ¿Qué pasa si manchas el sofá?

-Tranquilo que cuando me venga lo haré dentro del pijama.

Epi miró de nuevo m*****o al televisor donde la película seguía sin verse e incorporándose se fue en busca de un rollo de papel higiénico…

Al volver encontró a Blas con el pijama bajado hasta media pierna y con su verga dura y en todo su esplendor siendo zarandeado con la dura y callosa mano del albañil.

En lugar de cubrirse Blas siguió con lo suyo, mientras miraba extrañado hacía el rollo de papel higiénico…

– ¡Si te he dicho que me iba a venir dentro del pijama! ¿Para qué carajos me traes eso?

-Para que te limpies al terminar… digo…

-Valeeeeeeeeeeeeee déjalo ahí-Le dijo mientras apuntaba con la barbilla hacía la mesa de centro y volviendo la vista de cabrón y morboso hacía la pantalla.

-Blas…

– ¿Qué?

-Que me has dicho que no ibas a manchar el sofá y estás sentado con tus nalgas desnudas sobre el.

-Me he bañado…

-Ya, pero es qué…. el sofá es del Palacio de Hierro…

– ¡Vete a la mierda ya con el puto Palacio de Hierro! La culpa es tuya, si me hubieras prestado ese dinero ahora mismo me la estarían mamando…

Solo le faltaba eso a un más que m*****o Epi, que encima lo acusaran de no financiar con el dinero de imprevistos el vicio y el morbo que parecía tener ese hombre.

-Solo ten cuidado cuando te vengas, ¿va? -Le dijo el Epi mientras se daba la vuelta con la única intención de refugiarse en la privacidad de su habitación.

– ¿Tú no te la jalas o qué?

– ¿Quién yo? -Le preguntó Epi mientras miraba de reojo esa verga que habría resultado ser la envidia de cualquier hombre de su edad…

-Nooooooo… el Rocco Sifredi. ¡No te jode! Pues claro que te lo pregunto a ti…

-Yo no… me voy a dormir… mañana tengo que seguir estudiando.

-Pues bien dura que se te ha puesto, antes de irte a dormir…

Lo que el Epi pretendía a toda costa evitar había sido descubierto por ese salido.

“Si Blas era capaz de decodificar con sus ojos las películas porno. ¿Cómo no se iba a dar cuenta de que el Epi se había excitado?”

En esos momentos en su calzoncillo un bulto considerable pugnaba por ser atendido, a su vez abombaba el vaquero hacía un lado haciendo que fuera imposible que nadie que mirara ahí no se diera cuenta.

Habló con rapidez pues era tal la vergüenza que sentía en esos momentos que deseaba irse de allí cuanto antes…

-Habrá sido por la película. Ya se me bajara…

-Más bien ha sido cuando me has visto la verga- Le soltó de repente el sabiondo del Blas.

-No…. ha sido por la porno. Me ha puesto cachondo. Solo eso…

– ¿Entonces porque no te quedas a verla conmigo?

-Porque no quiero m*****ar…

– ¡Tú qué vas a m*****ar hombreeee! Mira te sientas aquí conmigo, mientras nos la jalamos cada uno…

Se miraron sin hablar…. por eso Blas decidió aclararlo, aunque puede que no hiciera falta.

– ¡Cada uno con la suya!, y… después cuando nos hayamos venido nos vamos a dormir como dos angelitos con los nuestros huevos bien descargaditos, ¿qué te parece?

– ¡Mejor otro día!

El Epi se dio la vuelta, pero antes de abandonar el comedor fue detenido de nuevo por el morboso de Blas…

– ¡Bueno pues piénsalo! Además, voy tan caliente que no me importaría dejar que me la chuparas un rato antes de acostarme…

-Blas…

– ¿Qué?

– ¿Porque me has dicho antes de que me ibas a dejar que te la chupara un rato?

(Solo habían pasado dos minutos desde que el Epi se hubiera encerrado en su cuarto dando un sonoro portazo y ya estaba aquí de vuelta con una nueva lista de preguntas)

-Pues porque estoy seguro de que te gustaría hacerlo…

– ¡Yo no soy marica!

– ¡Ya te dije que yo tampoco! Pero como no tengo dinero para coger, me tengo que aguantar con lo que he encontrado…

-Blas…

– ¿Qué?

– ¿Y qué se supone que has encontrado?

-Nada, espero, solo que he visto a un chico que es incapaz de apartar los ojos de verga y he pensado que ha de ser como un poco maricón.

-Te la he mirado porque la tienes muy grande…

– ¿me lo dices o me lo cuentas?

Al decir esto último Blas agitó la verga con calma haciendo que los ojos del joven siguieran fijos en ella.

-Y es también bastante gorda…

Blas vio tragar saliva al muchacho y supo que su verga pronto entraría en esa boca.

– ¡Gorda no, gordísima!- dijo al fin mientras notaba como su endurecido pene vibraba entre sus manos.

Blas ya estaba sin la parte de abajo del pijama, y se había tumbado sobre el sofá para jalársela más a gusto por lo que se tuvo que incorporar para dejarle un sitio.

El Epi se había terminado por sentar en el sofá y no dejaba de mirar como su compañero de piso se acariciaba la verga.

-Blas…

– ¿Qué?

– ¿Qué pasa si me gusta?

– ¿Qué cosa?

-Bueno ya sabes…

-No, no se…

-Eso….

– ¿Eso queeeeee?

– ¿Qué pasa si me gusta chuparte la verga?

– ¡Pues que pasaras un ratito agradable chupándomela!

-Pero…

– ¿Qué?

– ¿Y si no te gusta a ti?

– ¡Tú lo que tienes que hacer es probar y ya te voy diciendo si como la mamas me gusta o no! -Le reprochó un más que ofendido Blas, pues al final con unas cosas y con otras no estaba ni con la concentración necesaria que requería su cerebro para poder descodificar la película.

-Blas…

– ¿Qué?

– ¿Cómo lo hago?

-Ven… agarrámela…

– ¿Cómo, así?

-Sí, ¿has visto lo dura que la tengo?

-Si…

– ¡Hazme una chaqueta!

– ¡Más rápido y aprieta más que no se va a romper!

– ¿Cómo, así?

– ¡Mejor!

-Ponte de rodillas entre mis piernas y me la agarras con las manos, así. ¡Muy bien!

-Ahora pásale la lengua por la punta.

-Blas…

– ¿Qué?

– ¡Me da asco!

-Prueba un poco, solo roza la cabeza con la lengua…

-Muy bien, así despacio. ¡Chupa como si fuera una paleta!

-Eso de la punta no es ni leche ni pis, pero recógelo con la lengua. ¿A que esta rico?

-Bueno, esta regular…

– ¿Regular?

-Sí, sabe raro…

-Sabrá a verga…

-Si supongo…

-Claro que supones, tú sigue chupando y ya verás cómo sale más.

Sin que se lo dijeran Epi apretó con fuerza el erizado rabo y una nueva gota asomó en la punta. Sin desperdiciar ni un solo segundo volvió a repasar la punta con su viciosa y caliente lengua.

-Sigue, así vamosssss- obtuvo como respuesta

-Abre la boca. Así perfecto, ahora intenta meterte la cabeza y chupa, pero no lo muerdas.

– ¡Perfecto chavo parece que lleves haciendo esto toda la vida!

-Blas…

– ¿QUEEEEEEEEE?

-Yo noooo…

-Ya sé que tú no, ¡chupa mi verga y cállate ya!

-Pero es que yo…

Cansado de oírlo hablar le metió la dura verga hasta la mitad y colocando la mano sobre la nuca del joven impidiendo que se la sacara…

Para tranquilizarlo un poco le acariciaba el pelo, y no paraba de decirle lo bien que Epi se la estaba mamando a pesar de ser su primera vez…

– ¡Bieeeeeeeeeeen! Ahora coloca los dientes por detrás del labio…y… ¡Sigue chupando que vas de puta madre!

-Blas…

– ¿Qué?

-No podemos contarle esto a nadie…

– ¡Claro!

-Blas…

– ¿Qué?

-Tengo novia en el pueblo…

– ¡y yo me cojo a todas las putas que puedo!

-Blas…

– ¿QUEEEEEEEEE?

-Solo una cosa más. Avísame cuando te vayas a venir…

-OOOOOOOOOOOOOOOK…

Vencido por sus instintos Epi se comía ese vergón de veintidós centímetros, venoso, gordo, peludo y bastante moreno.

De vez en cuando y para recuperar el aliento se la sacaba. Sin dejar de meneársela a ese macho, miraba a los ojos de ese hombre que con una mirada cómplice lo animaba a metérsela de nuevo en la boca…

Intentó inútilmente en varias ocasiones zamparse ese durísimo y largo vergón hasta el fondo, pero inexperto como era, en el arte de comer vergas, no logró pasar de la mitad…

Le dieron varias arcadas llegando a toser como si hubiera estado a punto de ahogarse.

Durante esos tensos momentos Blas le acariciaba del pelo animándolo, pues no quería que desistiera en la pequeña e importante acción que le causaba mucho placer…

– ¡Cada vez me la chupas mejor! Es como si llevaras deseando hacer esto toda la vida…

– ¿De verdad que te gusta? -Le preguntaba un inocente Epi antes de tragársela de nuevo…

– ¿No ves como la tengo más dura e hinchada que antes? – bramó entre dientes un Blas cada vez más excitado. Intentaba con ello aclararle a ese chico que aquello le estaba gustando bastante más de lo que parecía…

Para el joven resultaba cautivador ver como esa verga se erizaba con sus lametones y verla como relucía al ser iluminada por el televisor…

Disfrutaba relamiendo en ese endurecido tronco la abundante saliva depositada y sobre todo al notar ese intenso sabor que alimentaba a sus papilas gustativas. También cuando oía a Blas gemir como un toro para intentar contenerse, notando como llegaba a clavarle las uñas en el cuello, mientras el culo de ese macho se alzaba en violentos espasmos de placer.

Se estaba comiendo su primer verga y tenía la certeza de que si no ya con la ayuda de ese albañil, no pararía hasta dar con otro hombre dispuesto a ofrecerle semejante manjar…

Blas por su parte había decidido apostar fuerte pensando que el joven jamás se atrevería a dar semejante paso…

“Solo le había vacilado un poco como hacía con algunos compañeros de la obra. Pero su compañero de piso se había tomado en sentido literal la frase de:”

– ¿Por qué no me la chupas un ratito?

Ahora que lo tenía ahí entre sus piernas chupando su verga como si esa fuera la última cosa que se fuera a comer ese joven en su vida no pudo dejar de admitir que en el fondo le estaba gustando.

De vez en cuando unas sacudidas de placer lo recorrían de arriba a abajo y se precipitaban hasta la punta de su verga.

Ahí eran relamidas por la lengua viciosa a más no poder, de su compañero de piso.

Pensó varias veces en recostarse y dejarse llevar, dejar que la venida cada vez más inminente le llegara sin avisar directo en la boca, pero a la vez pensó en el joven, y en el sofá comprado en el Palacio de Hierro.

-Deberíamos dejarlo ya- dijo al fin…

– ¿Por qué? – Le preguntó el Epi al ver cómo le arrebataban la durísima verga de entre los labios.

-Porque esto que estamos haciendo es propio de maricones…

-No, ninguno de los 2 lo somos. ¡Tú solo estas dejando que yo te la chupe!

Visto desde ese punto de vista la argumentación que le acaba de dar el joven sin dejar de menearle la dura y chorreante verga no era del todo falsa.

Por eso no dijo nada al notar como el calor de esa boca apresaba de nuevo su endurecido nabo.

“Como siga así se va a hartar de leche”-Pensó Blas al ver el mucho gusto que le estaban dando con la mamada y calcular lo que saldría por la punta después de haber estado casi dos días sin jalársela.

“Pero por lo visto es lo que quiere”-volvió a pensar al ver como las miradas de ambos se cruzaban con cierta complicidad…

– ¡Chúpala, no pares! -Le dijo mientras notaba como los dedos de sus pies se tensaban justo antes de comenzar su caliente descarga…

De pronto los ojos del chico que tenía entre sus piernas se abrieron a tope. Algo de lo que estaba haciendo su verga lo estaba tomando desprevenido…

Entonces le aviso:

– ¡Me veeeengoooooo!

Pero ya era tarde, el primero de los espesos chorros había sido depositado en la boca del chico.

El segundo salió disparado hasta la cara del joven que al sacársela de la boca vio que aquello era una peor idea.

El tercero saltó por los aires y antes de que llegara a su destino fue advertido de que no debía de seguir por esa vía.

– ¡El sofá!

“Puto Palacio de Hierro”-Pensó Blas mientras redirigía su verga y con ellos los potentes disparos hacía la cara del chico.

Al ver ambos como esa tampoco era buena idea pues la leche finalmente terminaría resbalando, Epi abrió la boca y Blas lo entendió enseguida.

Aquello era sucio y a la vez perverso, por no manchar un feo mueble, comprado por una madre más pendiente de lo guapo que era el dependiente que la atendía que de la belleza del sofá, el hijo obedientemente se había tragado media venida de un hombre con el que ahora compartía el depa…

-Uffff, menos mal que no se ha manchado mucho-dijo Blas mientras recogía uno de los goterones caídos sobre el sofá con el dedo para limpiárselo en la impoluta espalda de Epi.

El resto de la leche resbalaba por la cara del joven con riesgo de acabar en el mismo lugar que uno de los primeros chorros.

– ¡Baaaaaah vaya venidaaaaaa! -volvió a decir Blas al ver como su compañero de piso no hablaba…

-Si- Le contestó el Epi mientras retiraba con su mano los pegajosos restos de semen esparcidos por su cara…

-Ve a limpiarte esa cara y yo que tu escupiría toda esa leche en el lavabo- Le dijo Blas al chico que lo miraba todavía arrodillado entre sus piernas.

El joven afirmó con la cabeza mientras se incorporaba…

Pero Epi no estaba en condiciones de escupir nada ya que se lo había tragado casi todo.

Ese sábado pasó sin pena ni gloria para ambos, pues estaban tan avergonzados que hicieron todo lo posible por evitarse durante todo el día…

Por la noche Blas tampoco salió de su cuarto, y al medio día solo lo había hecho para comer algo improvisado con alguna de las latas de comida que había la cocina. Tardó más tiempo de lo normal en comérselo, pero por mucho que esperó en la cocina Epi no salió a comer.

Durante la tarde Blas, si aprovechó para rememorar esos ya lejanos instantes y dejar que las dudas lo recorrieran…

Era evidente que el chico debía de estar enfadado, m*****o, avergonzado pues le había mamado la verga hasta venirse y el por su parte no le había dado ni un mísero ni asqueroso gracias…

Pensó en ello y en cómo podría remediarlo y su verga se fue poniendo dura.

Pensó en ir en busca del joven para mostrársela, tal vez lograría una nueva mamada como recompensa…

“Pero… ¿y si el chico no quería arrodillarse de nuevo delante de su gorda y empinada verga?”

“¿Qué haría entonces, forzarlo para que se la metiera en la boca?”

Pensó que eso en lo que estaba pensando era lo que pensarían los maricones, antes de hacer todas esas cosas que hacían.

Por eso decidió jalársela para calmarse.

Pero eso sí, mientras se la meneaba no dejo de pensar en que eran mejor las mamadas que las jaladas…

Así era imposible dormir, por lo que Blas se encendió un cigarro. Sabía que le habían prohibido fumar en el interior del depa, pero de vez en cuando lo hacía a escondidas y en su habitación.

Se recolocó la verga, que volvía a estar dura bajo el calzoncillo. ¿Cuántas veces se la había jalado ese día?

Finalmente venciendo sus miedos decidió agarrar el toro por los cuernos ya que si no lo intentaba esa noche siempre se quedaría con la duda.

Blas se puso el pijama y salió al pasillo, aliviado vio como había luz en la habitación de su compañero por lo que comenzó a golpear la puerta.

Epi tardó en salir.

-Hola- le dijo al fin…

-Hola…

Blas miró al joven. Así con la cara sin su semen, no tenía tan mal aspecto. Llevaba sin verlo casi un día y pensaba que durante ese tiempo se habría transformado en una especie de ser depravado. Un monstruo horrible que iba comiendo por ahí las vergas de los hombres. Pero por lo visto el semen esparcido por sus huevos no tenían ese efecto.

Más bien tenía la capacidad de agriar a las personas, ya que Epi se mostró algo hosco y frío en el trato.

– ¿Qué quieres?

“Que volvamos a hacer lo que me hiciste ayer”-Pensó en decirle…

– ¿Hoy no has estudiado? -preguntó en su lugar…

-Sí, lo que pasa es qué… he estado aquí en mi habitación, por si tú querías ver la tele…

-No, la verdad es que yo también llevo todo el día encerrado en mi cuarto…

-Ya, no te he oído salir-dijo el Epi…

– ¿Qué estudias?

-Algebra…

– ¿Otra vez?

-Claro, llevo estudiando de esta asignatura unas dos horas al día desde noviembre…

-Pues ya te la tienes que saber de puta madre….!!!

-Bueno no te creas. No me sale ni un puto problema. ¿Querías algo? -volvió a preguntar.

-No… solo ver que estabas bien y eso. Por si llamaban de tu casa…

-Ya he hablado con ellos esta tarde. Ahora quiero seguir estudiando…

-Podemos salir por ahí y nos comemos una pizza. Así por lo menos te despejas la mente un poco.

-No, gracias. Ya cenare algo después…

-Venga vamos… anímate, yo te invito-Le insistió Blas…

– ¿Con que dinero?

-Hombre, tendrías que ponerlo tú. Luego cuando cobre te lo devolvería…. digo…

-No gracias. Ahora quiero volver a repasarme el tema 2…

Al ver como Epi estaba a punto de cerrar la puerta de su habitación delante de las narices de un más que preguntón Blas. Este último decidió lanzar una última y desesperada frase…

-Si quieres podemos probar otra cosa, no sé, metértela… digo…

La puerta se paró en seco mientras ambos se miraban…

El uno temiendo arrepentirse de haber lanzado esas palabras pues a pesar de llevar todo el día dándole vueltas aún no lo tenía del todo claro.

El otro porque no tenía ni idea de que su compañero de depa, un divorciado que se pasaba todo el día hablando de chiches y coños pudiera llegar a pensar en metérsela en el culo.

-Blas…

– ¿Qué, dime?

– ¡No quiero que me la metas!

-Ok, pensaba que era eso lo que querías…

– ¡Pues ya ves que no!

-Como a los maricas les gusta eso…

-Sí, puede que les guste, pero yo no soy marica.

-Bueno ya. ¡Ni yo! Pero solo era por probar…

-Va, te dejo que tengo que seguir estudiando…

-Va. ¡Pero… espera!

Blas terminó por apoyar la mano en la puerta del cuarto de su compañero de piso para evitar que esta se cerrara del todo.

Entonces se lo dijo:

-Solo quería decirte que lo que hiciste anoche me gustó mucho y si tienes miedo de que alguien se entere debes estar tranquilo que no pienso contarlo…

-Va… te lo agradezco…

-¡Cuando quieras lo repetimos!-Le dijo con una sonrisa sincera…

-Tengo que estudiar…

-Hombre yo no decía de hacerlo ahora. Cuando acabes de repasar ese tema o tal vez otro día cuando no tengas tanto que estudiar- Blas se rascaba la cabeza mientras hablaba. La verga bajo su pijama se había puesto como un mástil de dura con solo pensar en esas cosas, pero por lo visto tendría que acabar jalándosela a solas en su habitación…

(Otra vez)

-Si mejor otro día- Le contesto Epi antes el cerrar la puerta no sin antes mirar de reojo el bulto que su compañero de cuarto había logrado formar bajo su pijama…

Blas encendió la tele al llegar al comedor, pero seguían pasando la misma mierda de todos los días. Programas de corazón donde hablaban y aireaban sus intimidades.

Esa noche la mujer de un camionero hablaba de cómo su marido la engañaba y cosas por el estilo, cosas que resultaban aburridas…

Se recolocó de nuevo la verga. Aquello era insufrible. Blas nunca pensó que pudiera llegar a estar así por un hombre, por eso apagó el televisor y se dirigió con brusquedad hacía el dormitorio de su compañero.

Esta vez no llamó, directamente abrió la puerta…

Epi al verse asaltado de esa forma levanto la vista desde el escritorio donde sus apuntes se enredaban unos con otros.

No le dio tiempo a quitarse las gafas, pues el albañil lo levantó para endosarle un beso en los labios.

Epi sintió de pronto como esa lengua se enredaba con la suya propia y se dejó llevar

-Voy a cogerte esta noche lo quieras o no- Le dijo Blas

El chico volvió a buscar la lengua de ese hombre y se fundió de nuevo en un beso.

Su mano bajo en busca de ese vergón que al ser rozado dio una sacudida violenta bajo el pijama.

– ¿Has visto como la tengo? -Le preguntó Blas antes de lanzarlo sobre la cama.

-Si…

– ¡Desnúdate!

– ¡Voy!

Blas tardó poco en desprenderse de sus ropas. Epi algo menos.

Comenzaron entonces a dar vueltas sobre esa cama dejando que sus cuerpos desnudos se rozaran y acariciaran.

Se besaban mientras se manoseaban, agarrándose a la vez las durísimas vergas para apretarlas con fuerza.

– ¡Esto es de locos! – dijo Epi

-Más todavía, ¡pero somos hombres y tenemos necesidades! – Le dijo Blas sin dejar de besarlo.

– ¿Se te olvida que no soy una mujer?

– ¡Tu culo me valdrá!

Epi no habló esta vez pues su boca acaba de engullirse la dura verga de Blas.

Un escalofrío recorrió el cuerpo del macho.

“Aquello que estaba haciendo con su compañero de depa era propio de maricones, ¿pero a quien coño le importaba ya eso?”

Vio como Epi se pajeaba también su dura verga mientras se la mamaba. Era evidente que el joven también disfrutaba haciendo esa deliciosa marranada.

“¡Casi tanto o más que el!”-Pensó.

-Date la vuelta- dijo al fin.

Agarró ese culo peludo y lo apretó con sus fuertes manos. Le soltó un azote antes de abrirle las nalgas.

Epi dio un respingo. El golpe le había dolido, pero permaneció quieto quizás esperando algún otro.

-Voy a metértela toda este culo duro que tienes! -dijo Blas mientras apartaba los cachetes para mirar dentro con cierta curiosidad.

Ahí lo vio por primera vez. Ese anillo lleno de pliegues. Algo oscuro y cubierto de pelos.

Ese vello negruzco intentaba ocultar que sus viciosos ojos encontraran la puerta trasera.

Lanzó sobre ellos un escupitajo y comenzó a restregar su gordo dedo sobre ellos.

-Blassss…

– ¿Queeeee?

– ¿Alguna vez has hecho esto? -Le preguntó Epi al ver como algo se introducía con brusquedad dentro de su culo.

-No pero… tendremos que intentarlo…

– ¡DUELE MUCHOOOO!

-Relájate, que solo es un dedo lo que te he metido.

– ¡Pero es el dedo gordooooo! -protestó el joven

– ¡Mi verga es mucho más gorda!

-Ya lo sé, por eso lo digo…!!!

Cuando Blas sacó el dedo vio como ese ojete palpitaba…

Por eso escupió de nuevo y volvió a introducir otra falange, y luego otra y así siguió disfrutando al ver como el joven se quejaba mientras su ojete boqueaba pidiendo más intromisiones dactilares.

-Aaaaaaaaaaaaghhhhhhhhh….!!!

Sin avisarle más se había incorporado en la cama y colocando el duro miembro en la entrada comenzó a empujar.

-Quietoooooooo asiii, no te muevas-Le dijo Blas al ver como Epi intentaba zafarse de ese doloroso pero erótico momento…

– ¡Que no puedo Blas! ¡Que tu verga es muy gordaaaaa!

-Solo te he metido la punta.

-Pues me has abierto en canal. ¡Uta como duele!

– ¡Quieto ahiiiii o te dolerá masssss!

-No Blas, ¡no empujes más!

-Tranquilo que voy despacio… ¿no notas como te entra?

-Sí pero… ¡sácala!

-Así mueve el culo como has hecho antes.

-Era para que la sacaras.

-Pues cuando la has hecho se te ha colado para dentro un buen trozo.

-Arrgghhhhh. ¡No sigas!

– ¡Venga campeón que ya llevas casi la mitad!

– ¡Blas por favor! ¡No voy a poder!

-Si tranquilo, ¡ya verás como si!

-Aaaaaaaaaarghhhhh Blaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas….!!!

– ¡Un poco más!

– ¡No Blas no!

-Es que estás muy estrecho pero tranquilo que te está entrando. ¡Muy despacio, pero va entrando!

– ¡Te la chupo todas las veces que quieras, pero sácamela ya!

– ¡Eso también lo haremos!, pero hoy tus deberes son estos…

– ¡Blas…. es que me duele!

– ¡Pues no veas lo caliente y apretadito que está tu culo!

– ¿Y eso te gusta?????

-Cuando te cojas por primera vez a alguna tipa lo veras…

Entonces el Epi, todavía con media verga dentro de su culo se imaginó perdiendo su virginidad con alguna de las estrechas mujeres de su pueblo.

– ¿De verdad que da gusto? -Le preguntó al macho que le estaba rompiendo el ojete por primera vez.

Aunque a estas alturas no sabría con exactitud si se refería a lo que le estaban haciendo a él o a que ya empezaba a tener dudas acerca de si debía mantenerse como un ser exclusivamente heterosexual.

– ¡Coger es lo mejor! ¡Ya lo veras! -Le dijo Blas mientras aprovechaba la distracción para dar un último y certero empujón.

-Aghhhhh, cabrón. ¡Me vas a partir en dos!

Blas se echó entonces sobre el joven dejando que su pesado y voluminoso cuerpo lo aplastara.

Permaneció así quieto, dejando que toda su verga ya metida hasta los huevos vibrara dentro de esa recién profanada gruta.

– ¡Ahí tienes toda mi verga! ¡Metida hasta los huevos!

-Sí, sí. ¡No veas como me duele!

– ¡Pues no veas lo caliente y apretadito que estas!

Blas le mordisqueaba y le besaba el cuello mientras notaba como las paredes de su ano se dilataban ligeramente adaptándose con cierta lentitud al gordísimo falo invasor.

– ¿Y ahora qué hacemos? -Preguntó el Epi, después de notarse lleno de verga hasta el punto de pensar que esta le iba a terminar saliendo por la boca.

– ¿Que vamos a hacer?¡coger!

– ¿No es esto?

– ¡No, esto es solo meterla! -decidió aclarar el sabiondo de Blas

-Follar es esto:

-Aghhhhhhh-gritó Epi al ver como una sensación de desgarro le recorría su cuerpo

– ¡Primero la saco hasta más o menos por aquí! -continuó explicándole Blas

-Paraaaaaahhhhhh-gritó el chico

– ¡Y luego la meto todo lo dentro que pueda!

-No, no sigas. ¡Quédate quietoooooo como antes! -gritó Epi

-La saco otra vez… ¡Y luego te la meto! -susurró Blas en la oreja de Epi

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaghhhhhhh, ¡cabrón no sigas!

– ¡La saco!

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaghhhhh

– ¡Y la meto!

– ¡Blassss tienes que parar que no puedo más!

– ¡Te van a oír los vecinos y se van a pensar que te estoy haciendo algo malo!

– ¡Claro que lo haces Blas, me duele muchooooooooooooo!

– ¿Cuál de ellos, este o este, o quizás te duele aún más la verga que mira como la tienes de dura mientras te doy por el culo?

Blas agarró con fuerza los genitales de Epi que, pese a sus quejas por lo que le hacían por detrás, no podían estar más excitados y a la vez llenos de sangre.

Empezó a masturbarlo, pero ante la dificultad decidió tumbarse él sobre la cama mientras obligaba a Epi a que se sentara sobre su duro y empinado rabo.

El chico incapaz de desobedecer al macho que lo acariciaba se iba dejando caer sobre el durísimo vergón dejando que su culo se partiera en dos pedazos.

– ¡Esto es deliciosooooooooo! -Gritaba el joven

Pero al ver como ese tramposo no se la metía por completo sino solo la puntita y algo más, decidió darle de nuevo la vuelta y de un empujón se la clavó hasta los huevos.

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaghhhh… ¡otra vez no!

– ¡Venga aguanta que me falta un poco!

-Si es que no puedo. ¡No me entra!

-Si te está entrando, ¡hasta los huevos te entra! ¡Es una pena que no puedas verlo!

De no haber sido por la insistencia con la que ese hombre se la estaba metiendo dentro del culo. Epi jamás hubiera vuelto a probar algo así.

Le dolía y mucho, pero algo extraño estaba ocurriendo allí atrás que hacía que todo su cuerpo se electrizara de goce con cada embestida.

A su vez cuando notaba como esa gruesa y vibrante verga se retiraba todo su cuerpo se sentía vació, como si le estuvieran arrebatando algo vital.

– ¡Blas sigue no pares! -dijo al cabo de un rato…

– ¡Claro que no voy a parar de metértelaaaaa!

-Blas no tan deprisa, me duele todavía un poco, pero ¡no pares!

-No pienso hacerlo hasta que te reviente. ¡No veas como aprietas tu culo!

Sin pedirle permiso a ese macho, Epi se la iba jalando mientras lo enculaban.

Esta vez quería venirse él antes de que ese hombre que le estaba dando por el culo…

No quería que ocurriera como la noche anterior, donde acabó por hacerse una chaqueta en el baño mientras recordaba, lleno de remordimientos, como se acababa de comer la verga de otro hombre, uno que sin admitirlo del todo le gustaba muchísimo…

Empezó a venirse entre espasmos y gritos, haciendo que ese macho que tenía detrás no pudiera soportar más presión sobre su verga…

-Aaaaaaaaaaaghhhhh, que culo tienes cabrón ¡no puedo massss!

Blas comenzó a inundar ese estrecho culo con unas violentas sacudidas de esperma. Esta vez se resistió a sacarla pues de haberlo hecho habría manchado con su semen las impolutas sábanas.

Quería además, que ese chico se viera lleno de verga, aun con esta ya sin el vigor propio de su rabo listo para la acción…

Esta vez y mientras permanecía en esa posición, pasó de dudas y temores para decirle abiertamente…

– ¡Epi me ha encantado hacerlo contigo!

-A mí también… ¡que lo hagas!-matizó

-Cuando quieras lo repetimos…

-Por mi estará bien…

-Pero tampoco con mucha frecuencia no vaya a ser que de hacerlo mucho nos volvamos unos maricones, jejejejeje…

– ¡Me parece bien! -Le contestó un Epi algo decepcionado al ver como ese semental salido recuperaba su heterosexualidad justo después de haberle llenado de leche el culo, recordó también que ninguno había usado condón pero, qué importaba si la había pasado bien…

-Dos o tres veces por semana, hasta que cobre las horas extras los viernes…

-Estoy de acuerdo-Le contestó el Epi, que sonreía de forma algo maliciosa, al ver como tampoco salía muy mal parado en ese reparto semanal de verga…

-Pero si no las cobro, las horas extras digo, tendrás que quedarte también ese fin de semana…

-Les diré a mis padres que tengo que estudiar-Le contestó Epi antes de ponerse a pensar de una forma algo egoísta en la burbuja inmobiliaria y en que ojalá esta parara algún día para poder tener a ese macho para el solo desde el amanecer hasta el anochecer…

Había llegado el duro y temido momento de conocer a la familia, por eso la madre decidió suavizar un poco todo con una comida en domingo.

Cuando su Toñito se había decidido por fin a dar el paso de contarles que estaba con alguien y quería que ellos le dieran su visto bueno, se apresuró en organizarlo todo.

La madre en el fondo sabía que tantos fines de semana sin acudir a la casa no eran normales.

Su hijo se había ennoviado y había llegado el momento de que nuera y suegra se conocieran.

No contenta con la suficiente tensión que el momento ya tendría de por sí, había invitado a la abuela, a los tíos y hermanas con sus correspondientes hijos y esposas para que acudieran también al evento.

Su hijo había terminado sus estudios y trabajaba en una empresa desde hace dos meses. Ahora además para envidia del resto de sus cuñadas y hermanas también tendría nuera con la que presumir.

En el fondo sabía que su hijo no había elegido a alguna tonta malcriada, pues varias de ellas habían sido rechazadas por el guapetón de su hijo en el pueblo.

Sonrió mientras probaba el arroz. Realmente aquella comida iba a estar estupenda y a juzgar por la tranquilidad con la que se desarrollaban las conversaciones en el salón todo iba de maravilla.

¡Nada podía, ni había de salir mal!…Hasta que sonó el timbre de la puerta.

Se apresuró para abrir pues ella y solo ella debía ser la primera en conocer a la agraciada.

Por eso se sorprendió un poco al ver la cara de Blas, algo nervioso junto a la de su hijo que literalmente estaba muy descompuesto.

Miró entre ambos rostros y no vio a nadie más.

-Hola Blas, no sabía que fueras a venir tú también. Es una suerte que haya hecho suficiente de comer. Pero dime hijo ¿dónde está ella?

– ¿De qué hablas mamá?

-Pensaba que ibas a venir con tu novia. Esa persona especial de la que me hablaste por teléfono.

-Y lo he hecho mama.

En ese momento la madre vio desconcertada como su hijo del alma agarraba la mano del albañil para introducirse con él en el interior de la casa.

Epi tras encontrarse con el comedor lleno de gente se dio la vuelta para mirar a una madre horrorizada que no sabía que podría hacer ya para evitar todo aquello que en una especie de locura transitoria había organizado.

Epi empezó a saludar a los tíos y a abrazarse y besarse de forma cariñosa con sus numerosos primos que miraban extrañados a un Blas que ocupó discretamente un puesto en un rincón del comedor.

Intentando que todo fluyera con normalidad se sirvió la comida que con los nervios había quedado transformada en un arroz más duro de lo normal. Ni diez minutos de cocción le habían dado, por lo que no pudo quedar impregnado con el intenso sabor del delicado guiso.

Nadie decía nada, ni alabando la comida ni tampoco haciendo mención alguna al hecho de que todo el mundo se hubiera sorprendido de que el invitado no hubiera resultado ser del sexo que debería.

Pero de pronto la abuela como de costumbre y con sus palabras desató un verdadero desastre…

-A ver Lucy, ¿tú me habías dicho que hoy mi nieto me iba a presentar a su novia?

La nuera agachó la cabeza no sin antes mirar a su marido que estaba rojo de ira. Negó con la cabeza para evitar que este hablara, pero el hombre se desató en ese terrible instante:

-No madre. Su nieto no le presentara a su novia, ni hoy ni nunca porque ha resultado ser un maricón….!!!

La abuela los miro extrañada, mientras el padre proseguía insultando a su recién llegado hijo.

-Sí, si madre. Resulta que a su nieto querido por lo visto le encanta que le den por el culo y se ha ido a buscar a un sinvergüenza que podría tener mi edad.

– ¡Por favor papa! – Dijo el hijo.

-Ni por favor, ni nada Antonio. Este hijo de puta nos ha estado engañando todo el tiempo. Cuando le preguntábamos si salías con alguien y que teníamos algo de interés por saber quién era esa chica que te había robado el corazón este cabrón se callaba.

-Podría habernos dicho que era él. ¡Que lo que te había roto era el culo! Porque seguro estoy que tú eres el que muerde la almohada cada noche.

– ¡PAPÁ POR DIOS!

-No metas a Dios en esto que bastante habrá tenido ya el pobre con lo que habrá tenido que ver en ese departamento.

El padre miró a sus cuñados que reían entre dientes y eso lo enfureció todavía más.

-Si este cabrón del Blasito, como lo llamabas cuando íbamos a verlos al departamento, nos hubiera contado lo que realmente estaba pasando. ¡Nos habríamos ahorrado el tener que pasar por toda esta vergüenza, pero noooooooooo han preferido humillarnos delante de toda la familia!

El hijo se levantó m*****o, pidiendo a un sumiso Blas que lo acompañara hasta la puerta.

Les reprochó que no entendieran nada mientras les explicaba que él no había querido que todo ocurriera de esa forma, pero que había decidido vivir su vida con Blas y lo entendieran o no eso es lo que pensaba hacer…

Se disculpó con una mirada cómplice ante la madre que afirmó con la cabeza al saber que en parte todo había sido por su culpa al no haberse dado cuenta antes

Cuando todos escucharon el sonoro portazo que dieron al salir, volvieron a la incomible comida no queriendo ser ninguno el que retomara de nuevo la tensa conversación.

Fue entonces el cabrón de su cuñado el que tuvo que rematar el asunto:

-Tranquilízate Antonio, que tampoco va a ser tu hijo el primer maricón que tengamos en el pueblo…

-No si yo estoy muy tranquilo. Lo que me jode es que me haya salido a mí precisamente el primer maricón de la familia.

Entonces ocurrió algo extraño, que puede que pasara desapercibido para todos, pero no para mí.

De nuevo volvió a reinar el silencio, entre todos los comensales. Un silencio algo incómodo en el que los rostros de algunos de los miembros del sexo masculino, se cruzaron ciertas miradas. Algunas de ellas acusadoras, otras ciertamente llenas de miedo.

Por fin alguien agarró el mando del televisor colocando en la pantalla una carrera de motos a la que todo el mundo miró para evadirse bien lejos de allí, dejando a la madre sola con sus lágrimas.

Tiempo después y pese a lo vivido cambiaron de departamento a uno que pagaran entre los dos Epi y Blass siguieron formando una pareja algo dispareja, él un heterosexual divorciado y un estudiante que ya se había graduado, tu vieron que cambiar muchas cosas, los viernes de putas quedaron en el olvido, ahora eran solo ellos dos, hacían las labores juntos, iban de compras de la misma manera y a veces sintonizaban ese canal plus para imaginar aquellas películas porno jejeje, poco iban al pueblo, pensaban en pasar más tiempo juntos, su forma de pensar, su forma de ser, y aceptaron que estaban enamorados.

Blas se dedicó a querer y a hacer feliz a aquél joven que le había cambiado la vida y el joven agradecido de tener a ese hombre en su vida se dedicó a corresponderle.

Y de pensar que todo empezó con un anuncio, y de que casi lo dejó ir…

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