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LOS OJOS VERDES

LOS OJOS VERDES
Acababa de realizar mi compra semanal en el cash, un super para profesionales de la alimentación, cuando me disponía a pasar por caja. detrás mio se hizo un vacio, como si el ambiente se cortara con un cuchillo, para dejarla pasar a ella. Aquello que tenia detrás de mí que estaba haciendo multitud de viajes arriba y abajo, llevando productos a mano, sin carro, a la zona de cajas, atareada y con aspecto de tener prisa, aquello que paraba los hombres a su paso y que rompía cuellos al girar, era una hembra en la cúspide de su madurez sexual.

Iba mal vestida, con la melena suelta sin peinar, color castaño, medio mal recogida en cola de caballo, unas chanclas planas, como recién salida de casa para comprar rápido, y sin embargo desprendía tal cantidad de temperatura sexual que el aire se cortaba a su alrededor. Una bata de playa larga hasta las rodillas, tan abierta de escote que mostraba todo el sujetador, tanto por la espalda como por los costados, marcando el tanga y mostrando unas caderas anchas, unos hombros fuertísimos, brazos musculados, pechos algo caídos pero de un tamaño más que convincente, unos 8 kilos de más de lo que seria un cuerpo escultural, seguramente puestos encima a causa de lo que mostraba el anillo de su mano izquierda.

Aquella bata y el sujetador estandar, de combate digamos, que llevaba puestos parecían aumentar el interés sexual hacia ella, más incluso que el más fino de los vestidos de noche que pudiera llevar. metro setenta y cinco con zapato plano, más alta que yo, fuerte, potente, en plenitud… su piel morena remataba aquél despilfarro de exotismo mediterráneo… no podías evitar mirarla, como bien hacian todos los hombres que disimuladamente iban pasando a su alrededor, para mirarla con ganas de descuartizarla a pollazos, que es como los machos ibéricos miran a las hembras alfa del rebaño.

no noté ningún perfume pero sin ninguna duda olí completamente su aroma, me empequeñecí, todavía no habia visto su cara y mi corazón se disparó, empecé a hiperventilar y mis genitales se pusieron en alerta, o mejor dicho, los cojones se me subieron a las amigdalas (sensación real y nada placentera, lo juro). me escondí detrás de mi carro de la compra buscando mi cartera, no la quería mirar a la cara pero nuestras miradas se cruzaron, mejor dicho, ella me miraba, altiva, desafiante, interesada…

Dios santo qué ojazos verdes!!! tenia que hacer algo inmediatamente… pagar y huir, pensé…

habló con la cajera, que estaba atendiendo mi compra, para que la ayudara a acarrear sus paquetes, que se habia pensado que sin carrito podria llevarlo todo pero que se había envalentonado comprando y tal y tal, y justo en el momento que la cajera le decía que la ayudaria a cargar el coche y ella le señalaba un seat león aparcado al lado de mi furgona, me sorprendí a mí mismo ofreciendo mi carrito y mi ayuda para llevarle la compra. entonces le miré bien a la cara, superada mi vergüenza de estar ante una yegua mucho más potente como mujer que yo como hombre, y me volvió a clavar sus enormes y preciosos ojos verdes.

ni los fuertes hombros, ni los potentes pechos que increpaban al sujetador-mochila que no los dejaba salir, ni la barriguita feliz o el triangulo de su entrepierna, que la bata dejaba medio ver y que tenía todos los numeros para ser un agujero negro de puntuación cum laude, nada me dejaba apartar la vista de sus ojos verdes, que me atrayeron como un potente iman.

– Oye, y perdona que me meta, si os parece, he visto que tenemos los coches aparcados de lado, ahí en el fondo del parking, y como mi carro esta medio vacio podemos cargar lo tuyo y así te hecho una mano. No recuerdo si lo dije seguido o me encasquillé tartamudeando
– Ah, pues si, que majo! Muchas gracias!

Su voz era más sexual incluso que su aspecto, esos ojos verdes sonrieron y ya no dejaron de irme echando miradas, de reojo, inquietantes, mientras pagaba su compra. Mis genitales empezaban a cobrar vida propia y eso se notaba, mientras cargaba su compra en el carro su mirada se iba volviendo atrevida, directa, llegando a lasciva, y el espacio privado personal que cada uno tenemos se rompía en pedazos al estar ambos cargando el carro, casi codo con codo.

Una media sonrisa se dibujaba en su cara al mismo tiempo que mis pelotas bajaban a su lugar de origen y me daba cuenta que estaba, una vez más, pensando con la polla en vez de con el cerebro. Pero esta vez el juego era con fuego real. Ella o estaba pidiendo guerra, o era la calientabraguetas más hijaputa sobre la faz de la tierra, aunque su cercanía, sus gestos, su complicidad adquirida al instante, me hacían decantar por lo primero: me tenia en el bote y haría conmigo lo que quisiera.

El cruzar el parking y descargar las compras en los coches fue un tramite que ni recuerdo, tan sólo creo pensar que estaba buscando la mejor manera de mirarla y desnudarla con la vista sin que se me notara demasiado. Estando los coches de lado y bastante juntos, y ambos circulando por ahí con cajas y demás, pasó lo inevitable: en un giro saliendo de mi furgoneta me la encontré agachada, medio cuerpo dentro de su coche, con todo el trasero en pompa hacia mí.

No pude evitar el encontronazo con aquél soberano culo ni tampoco colocar ambas manos a los lados. Creo que incluso por un instante, justo recuperado el equilibrio y antes de soltarla, me la llegué a follar con la mente. Me separé pidiendo perdón, a lo que ella, que había notado todo mi arsenal entrando en contacto a través de las ropas, respondió con un “sigue, no te quedes ahí parado joder”. Sin llegar a levantarse me agarró de la muñeca y tiró hacia ella, de modo que mi entrepierna y su trasero volvieron a impactar, pero esta vez queriendo.

Yo en verano voy sin calzoncillos, por lo que la poca ropa que había de por medio y los movimientos de su culo crearon un universo paralelo de calentura y roce.

– Llevo quince días sin que me follen bien follada y te voy a devolver el favor del carro
– Guau, si lo sé te lo dejo antes! Pero, todo esto por un carro de la compra?
– No, que va, ya te havia visto por los pasillos, acaso piensas que es casualidad que hayamos coincidido en las cajas? Por cierto, arrímate más, que vas bien

Efectivamente, quienes mandan son ellas, y yo esa mañana de sábado era su victima. Iba a ser follado por una hembra en celo! Se levantó y puso su mano en mi paquete, sabia lo que manejaba, no era la primera vez que hacia algo así. Nos fundimos en un morreo que de lo apasionado que era rozaba lo guarro, a la vez que me desabrochaba el pantalón y me apretaba huevos y polla hasta darme dolor.

– No está mal, tamaño medio pero muy bonita (dijo mirando hacia abajo), metámonos dentro del coche antes de que te corras y lo desperdicies todo.

Me senté en su asiento trasero mientras ella se quitaba la ropa interior y subia al coche para sentarse encima de mí. Frente a frente, fue pasar su pierna al otro lado de mi regazo y clavársele mi polla hasta el gaznate. Estaba mojadísima.

– Júrame que vas a aguantar como un campeón
– Si te corres como te mereces, yo aguanto lo que sea

Quieta, contrayendo su musculatura vaginal mientras mi miembro ahondaba más y más en su interior. Notaba como iba mojando cada vez más, a la vez que su respiración aceleraba, y a la vez que se mecía, suavemente, la oí decir “esto lo vamos a hecer despacito”

Y así meciéndose llegó al orgasmo. En ese momento yo ya había conseguido liberar sus hermosos pechos del sujetador maldito y me encarnizaba con unos tremendos pezones, duros como un par de pollas.

En pleno vuelo del águila y cuando parecía desvanecerse, la agarré fuertemente por la cintura y tomé las riendas, taladrando desde mi posición inferior, sin parar, manteniendo un ritmillo suave… …y llegó a su meseta, a un estado de semi-orgasmo constante al que algunas veces he llevado a mis amantes, que le duró cinco minutos o más, e innumerables gritos, jadeos y alguna que otra referencia a mi madre.

Lógicamente mi polla estaba a punto de estallar, cosa que hizo cuando oí la orden del “correte ya hijoputa, que me tienes desmayada”. El concepto “cascada de placer” debería ser esto.

Y sí, eran unos ojos verdes preciosos, cuando se levantó de mí, desclavandose, dejando salir una inmensa cantidad de fluidos de ambos que mancharon el asiento del Seat, esos ojos verdes, con sus pupilas dilatadas, clavadas en mi mirada, fueron lo que decidí que se me gravaria en la memoria…

…recuerdo que pienso guardar si es que no la vuelvo a ver.

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