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¿PUEDO ORDEÑARTE? GUÍA AVANZA

Female Ejaculation

¿PUEDO ORDEÑARTE? GUÍA AVANZA
Hace unos días os estuve hablando sobre cómo romper el miedo a las fantasías, y os di algunos consejos para que vuestras parejas pudiesen estimular vuestras próstatas de manera que os sintierais cómodos y seguros. Recordaréis que la clave que os daba era emplear delicadeza y cariño. No obstante, sucede que las relaciones evolucionan, las fantasías se integran con normalidad en nuestras prácticas sexuales y pierden parte de su interés original. ¿Qué podemos hacer para mantenerlas frescas y vivas?

Una forma sencilla y barata de mantener vivas tus fantasías es empleando roleplayings, es decir, inventar una situación y adoptar el papel de personajes (que pueden parecerse a nosotros, pero que sabemos que no somos nosotros). Esto nos permite simular experiencias que en situaciones normales no nos ocurrirían (que tu hermosa madrastra te descubra los secretos del sexo) o disfrutar en un entorno seguro de situaciones que no tenemos muy claro si nos gustaría experimentar si nos sucedieran en la realidad (estar a merced de una dominatrix).

Lo que a continuación os voy a describir son algunos de los roleplayings que yo he realizado con mis parejas, principalmente con Fali, que era el más predispuesto a este tipo de juegos. Hablo directamente a la pareja del chico que va a recibir la estimulación, aunque lo ideal es que lo leáis ambos para saber a qué ateneros. Describo aquellos que me gustaban más, y aunque están enfocados a disfrutar del masaje de próstata, vosotros podéis adaptarlos a otro tipo de estimulación. No dudéis en cambiar lo que os parezca conveniente, pues esto no es una fórmula matemática: buscad vuestras propias variantes, modificad las que os doy… disfrutad libremente de los placeres que vuestros cuerpos os brindan.

MÉDICOS, ENFERMERAS Y DIAGNÓSTICOS

Las consultas médicas siempre han dado lugar a numerosas fantasías eróticas, y los trajecitos de las enfermeras no ayudan a disminuirlas. Un disfraz de enfermera puede salir relativamente barato y ofrecerte muchas oportunidades de juego, y además lo puedes reciclar para fiestas de disfraces. ¡Todo ventajas!

La idea de este juego es hacer que tu chico se sienta vulnerable pero, al mismo tiempo, tú muestres un halo de inocencia. Piensa que en la consulta de un médico tendemos a sentirnos totalmente desprotegido y no nos queda más remedio que confiar en aquello que nos hagan, incluso cuando no sabemos para qué sirve esta o aquella prueba. En otras palabras, es una experiencia excitante porque él invierte su rol y se vuelve una figura pasiva sometida a tus designios, pero al mostrarte como una figura cercana y amable, que simplemente haces lo que debes hacer de la manera más eficiente posible, le das a tu chico confianza y seguridad. Es un juego ideal para principiantes porque la interpretación no requiere una implicación emocional fuerte.

Lo primero que tenemos que hacer es meternos en nuestros papeles y no salirnos de ellos. A partir de ahora, tú eres la enfermera, él es tu paciente. Todo lo que digamos será acorde a dichos personaje, como si fueramos actores de una película.

Para meternos en materia, yo suelo preguntarle a mi paciente qué le pasa, le hago respirar fuerte, le tomo la temperatura, compruebo sus reflejos, le pregunto sobre su vida sexual y sus alergias… y finalmente, tanto si le cuesta dormir como si tiene un dolor en el brazo, le pongo una buena ración de lubricante y le penetro. Da igual que usemos un dedo o un vibrador, aunque para mantener la ficción es buena idea usar guantes como los de las consultas médicas.

Tu papel como enfermera es ser totalmente profesional, pero al mismo tiempo inocente. Aplicas el tratamiento sin darte cuenta de la excitación que sufre tu paciente, y te apuras ante los calores, la inflamación del miembro viril y los gemidos (¡obviamente deben ser de dolor!) que el pobre muchacho emite. La conversación debe ser pícara en el fondo pero inocente en la forma, por ejemplo: “¿Siente usted alivio si le introduzco otro dedo?”. Le puedes apretar con fuerza el pene y decirle: “Veamos cómo va esa presión arterial”. También puedes hacerle comentarios del estilo: “¿Cómo puede ser posible que tenga la temperatura tan alta?”, lamiéndole entonces el cuerpo para intentar contener el aumento de esa extraña fiebre que le consume.

Cuando el chico ya no pueda más, recoges en un vaso pequeño una muestra de su esperma. Si te sientes con ganas, puedes analizarla allí mismo (vamos, que te puedes beber el esperma) o también untárselo por el cuerpo y decirle: “Esto le ayudará a rebajar los calores”. Si él se siente cómodo con juegos que incluyan su propio esperma, podéis compartirlo de alguna forma, por ejemplo, bebiéndolo tú y luego dándole un largo beso en el que se lo transmitas.

MAMI SABE LO QUE NECESITAS

La madrastra hermosa que inicia a su joven e inexperto hijastro en el mundo del sexo con la misma naturalidad que si le enseñase a freír un huevo o a usar la lavadora es otra de las fantasías que sacuden la mente de mucha gente. Algunos, de hecho, prefieren fingir que es la madre o la hermana la que les inicia, pues es un tema mucho más prohibido y morboso. Otros, por el contrario, consideran que una figura tan cercana representa una implicación demasiado fuerte, por lo que prefieren simular que es una tía o una prima la que le da las primeras lecciones. Habla con tu pareja para saber qué papel quiere que adoptes, de tal modo que no se sienta incómodo.

Esta fantasía tiene una implicación emocional algo más fuerte para nuestra pareja, pues está metiéndose en el papel de un chico al que un familiar (tú) está toqueteando. No obstante, la fantasía se conduce por un terreno seguro: tú haces lo que haces con la mejor intención, con el deseo de educarlo y que no sufra las calenturas de la juventud. Así, aunque ofrece una vulnerabilidad mayor que en el juego de las enfermeras, sigue existiendo una atmósfera confortable y de confianza.

Mientras yo me visto para este juego, él se desnuda, se mete en el dormitorio, y pone una película porno que le excite. Luego entro y me sorprendo al descubrirle totalmente empalmado. Él se siente tímido, se procura tapar e intenta negar lo obvio… pero yo siempre acabo destapándolo y haciéndole reconocer que está muy excitado, aunque no sabe qué hacer. Entonces empieza la parte de calentamiento: “Pobre bebé, ¿quieres que mami te enseñe qué hacer en estas situaciones?”. Todo depende de como tu chico se muestre, quizá diga que sí o quizá finja timidez y no quiera, aunque tú igualmente le obligas con cariño y ternura: “Mami sabe lo que necesitas, bebé”.

Que tú le llames bebé y él se refiera a ti como mami es importante, puesto que refuerza continuamente la idea de lo prohibido y, por otro lado, remarca la atmósfera afable y segura. Según lo que te guste, puedes hacer que el juego empiece con él descubriendo cómo agarrar unos pechos, cómo practicar sexo oral a una chica o dar un beso negro. Todo se explica con ternura, y él se muestra generalmente reluctante, aunque siempre se le insiste: “Los bebés buenos tienen que hacer sus deberes”.

Finalmente le explicas cómo darse placer. Le lubricas y le haces un masaje de próstata tal y como explicábamos el otro día, solo que empleando los términos “bebé” y “mami”. Cuando gima de gusto, puedes añadir frases como: “¿Ves cómo mami tenía razón? Mami siempre tiene razón, bebé”.

Nuevamente, si él se siente cómodo con los juegos de esperma, puedes darle su propia corrida al final del juego: “Ahora es la hora de la lechecita, bebé”.

NOVIA MALVADA

Esta juego se basa en una historia real. La primera novia de Fali, allá por el instituto, lo tenía al pobre a pan y agua, pero de vez en cuando la chica le pedía que le practicase sexo oral y, a cambio, ¡le dejaba masturbarse mientras lo hacía! A Fali no le gustaba demasiado aquel trato, pero la chica era bastante dominante y el pobre mío estaba con las hormonas revolucionadas, así que aceptaba. Años después, cuando estábamos juntos, me contó la historia y me reconoció que ahora, con el tiempo, aquella situación se había vuelto excitante en su recuerdo, quizá por la forma en la que ella le había tratado, aunque obviamente no quería volver a pasar por una experiencia así. Por lo tanto inventamos este juego para que pudiera revivir en cierta forma su fantasía y, al mismo tiempo, adaptarla a nuestros gustos actuales.

Esta fantasía es un poco más fuerte que las anteriores porque tu papel ya no es el de una persona bienintencionada, sino el de una chica malvada que se preocupa por sí misma, no por su pareja. Esto sacude un poco los cimientos de tu chico, porque el entorno seguro se desvanece y queda a merced de otra persona cuya intención no es darle el máximo placer. No obstante, no llega ni de lejos a ser un juego de dominación tradicional, por lo que puede ser una forma agradable de iniciarse a estos y probar si os gustan o no.

Tú vas a interpretar el papel de una chica que no quiere ser penetrada y a la que le da asco tocar el pene de un chico, mientras que tu chico va a ser un adolescente caliente que está muy enamorado de ti y quiere complacerte, pero que al mismo tiempo tiene necesidades que cada vez le presionan más. Lo mejor es que juguéis a esto tras una semana sin que él haya tenido sexo, de tal forma que esté muy excitado, aceptando mucho mejor la situación y al mismo tiempo metiéndose mejor en el papel de chico muy excitado.

Tras besaros y acariciaros, quizá tras un poco de roce con ropa, él te pide hacer algo. Tú le dices entonces: “Cómemelo y yo luego hago que te corras”. Él tal vez insista en que quiere penetración, en que está a punto de reventar, y tú acabas cediendo en apariencia: “Vale, luego habrá penetración, pero primero me lo comes”. Por supuesto, el chico te lo tiene que comer bien, el juego no quita lo cortés, pero debe fingir inseguridad al principio, de tal modo que le debas dirigir su cabeza. También puedes obligarle a que te haga un beso negro, con él negándose al principio pero cediendo finalmente. Después de haber acabado, él se desnuda y entonces le dices: “A mí tocar un pene me da asco, y que me penetren no me gusta”. El pobre se fingirá consternado y quizá te diga que le habías prometido penetración. Entonces, tú le haces ponerse a cuatro patas, sacas el lubricante y le dices con total seguridad: “Oh, cari, es que penetración si va a haber… pero no vas a ser tú quien la haga”.

Él obviamente se negará, pero más de palabra que de actitud. Incluso puede fingir que le duele, pero tú le tienes que consolar con alguna caricia, mientras le dices: “Cari, los chicos que quieren salir conmigo tienen que hacer esto, entiende que no puedo hacer excepciones”. También puedes hacer que él participe un poco, no demasiado, diciéndole: “Si me amaras de verdad dejarías que te metiera un dedo más” o “Si realmente me quisieras estarías moviéndote más rápido”.

No seas cruel en los comentarios, pero tampoco complaciente: una caricia conlleva también un comentario sarcástico, por ejemplo, “Para no gustarte creo que estás gimiendo mucho”. O a lo mejor: “Después de esto ya no vas a tener ganas de mirar a otras chicas, ¿verdad?”. Tienes que ir girando la conversación hacia el placer, es decir, que poco a poco quede claro que sí le está gustando: “¿A que otro día me lo vas a volver a comer para que yo te vuelva a follar el culito?”.

El final solíamos hacerlo con juegos de esperma, de tal manera que Fali se corriera sobre mí. Entonces yo me había la indignada y, con cara de asco, le decía: “¡Mira lo que has hecho! ¡Más vale que me limpies!”. Y le agarraba la cabeza para que se tragase su propio esperma.

LA HORA DEL CASTIGO

Posiblemente este sea el juego más difícil, pues él tiene que adoptar una posición totalmente sumisa y tú debes ser absolutamente dominante. Eso significa agarrarlo a veces por el pelo o el cuello, darle un azote o un guantazo, jalarle de los pezones o incluso morder su glande, si bien siempre con cuidado, que la idea no es hacerle daño real sino humillarlo como parte del juego. Esto puede ser difícil de aceptar, incluso si tu chico cree que le va a gustar mucho (no es lo mismo fantasear que pasar a la acción), por lo que resulta buena idea hablar previamente sobre lo que queréis probar y que elijáis una palabra código fácil de recordar que, de ser pronunciada, paralice el juego (por ejemplo, STOP). Si la usa, detenéis el juego y él te explica cuál es el problema, tal vez que no le guste algo o que quiere que seas más dura. Recuerda: es un juego y una fantasía, todo está permitido si a ambos os gusta. No discutáis en pleno juego, simplemente seguid adelante, prescindiendo de lo que no os agrada.

Él va a asumir el papel de un chico con escasa voluntad que ha hecho algo malo, y tú interpretaras a una pareja posesiva y cruel que le vas a castigar por eso. El principio del juego debe estar relacionado con dicha falta. Por ejemplo, si ha flirteado con otra chica, empezáis con una sesión de azotes. Si no ha cumplido con sus deberes en la cama, le obligas a practicarte todo tipo de sexo oral o con sus manos. Si le has visto flirteando con otro hombre, le vistes y maquillas como una chica… el lenguaje siempre debe ser abusivo, por ejemplo: “¡Creía que tenía un novio, pero no… ¡eres una nenaza! ¡Maldita maricona, te voy a convertir en una mujer si eso es lo que quieres!”. MUY IMPORTANTE: Esto es solo un juego y estos son vuestros personajes de ficción, que no tienen que decir ni pensar lo que vosotros decís y pensáis en realidad. Procura, por lo tanto, no mezclar realidad y ficción. Si tu chico flirtea con muchas mujeres, no conviertas esto en una excusa para vengarte. Si tu chico realmente se siente incómodo con su identidad sexual, no le llames maricona. Por ejemplo, Fali siempre se sintió inseguro por el tema de que yo era una chica TS y él no tenía claro si eso le hacía gay, bisexual, heterosexual o algo diferente, de tal modo que con él nunca usé maquillaje ni nada por el estilo. Por el contrario, cumplía bastante bien en la cama, así que jugábamos con la idea de que no lograba una erección, lo que le permitía diferenciar a su personaje de él mismo.

Una vez has acabado con la primera fase de tu castigo, lo arrojas sobre la cama y le dices: “Ahora te vas a arrepentir de verdad”, y cogiendo una buena dosis de lubricante, lo penetras con el dedo. Hay que ser gentil, recordemos que no es un castigo de verdad, pero él se quejará, se resistirá, y no te quedará más remedio que darle un cachete en el culo o una bofetada en la cara, agarrarle por el cuello o darle un jalón de los pezones. “Haberlo pensado mejor antes de comportarte como un gilipollas”, y sigues penetrándole. Si juegas con la idea de que es poco masculino, puedes sustituir estas frases por: “Te voy a hacer una mujer de verdad” o “Deja de fingir que no te gusta, guarra”.

Al principio le penetras poco, pero a más se queje, más adentro y con más fuerza llegas. Luego, si os gusta, podéis usar un vibrador y otra cosa para continuar: “No creo que hayas aprendido la lección, voy a necesitar algo más grande para que te entre en la cabeza que a mí no me jodes la vida, capullo”. Le tienes que ir echando en cara cada gemido que suelte, y si su pene gotea, aunque solo sea un poco, se lo aferras con fuerza y se lo recriminas: “Y encima te gusta, ¡eres lo peor! ¡Qué asco me das!”. Básicamente tienes que hacer lo mismo que cuando le penetrabas las primeras veces, pero invirtiendo los diálogos. En lugar de decirle que es fácil penetrar en él, le confirmas: “Voy a llegar hasta el fondo tanto si te resistes como si no”. En lugar de hacerle partícipe, le conviertes en pasivo diciéndole cómo debería sentirse: “Debe ser duro tener a una chica dentro de ti, violándote, dominándote, estando a la completa merced de sus manos…”, aunque si está maquillado de chica, puedes insistir en ello: “Sabes que no te puedes contener, todas las nenazas sois iguales, ahora mismo sientes un placer enorme y quieres soltarlo, pero crees que si aguantas lo suficiente no me daré cuenta. ¡Error!”.

Ahora bien, atención a este punto, pues la sensación de indefensión no se construye solamente con insultos y azotitos, sino que también se logra descolocando a la otra persona. Por eso, no dudes en ser dulce. Si le estás penetrando y está muy excitado, cambia de registro y ponte excesivamente melosa: “¿Por qué no podemos llevarnos bien?” o “¿No sería maravillos que a partir de ahora tú siempre fueras la chica?”, házselo con dulzura, háblale en un tono confidente y cariñoso, dale besos apasionados o aplícale caricias, pero todo con un único fin: oblígale a decir cosas que no diría en otras condiciones. Ahora que tiene la guardia baja, es cuando le preguntas: “¿Verdad que a partir de ahora ya no vamos a tener sexo?” o “Reconoce que solo te gusta cuando te follan el culo”, y si no quiere, le das un cachetito o un azote, pero luego retomas otra vez un tono amable, de tal manera que vaya reconociendo todo lo que tú quieras. “¿No sería estupendo que Fulano te penetrase el culo mientras yo dejo que me lo comas?” o “¿No sería magnífico que yo me acostase con Mengano mientras tú nos miras?”, y otra vez repites el ciclo de castigo y dulzura, entrando en detalles si es necesario: “Piensa que es su polla, ¿no quieres tú una polla también?” o “¿No te excitaría ver cómo dobledo a tu amigo en la cama, con tanta facilidad como te doblego a ti?”. Si no da la respuesta satisfactoria y tienes un vibrador a mano, se lo introduces en la boca y le obligas a que lo chupe: “Quien calla otorga”, sentencias. Una mezcla de dulzura y dureza puede hacerle reconocer cosas increíbles como parte del juego, aunque recuerda siempre que es solo eso, una diversión, no una confesión real. La idea es que se abandone completamente, que diga lo que tú quieras con tal de que el placer no acabe.

Si crees que se va a correr muy pronto, para. Dile: “¿Quién te ha dicho que te vas a correr? ¿Crees que esto lo hago para darte placer?”. Estimúlalo de otra manera y luego retomas el masaje de próstata. Hay gente a la que le excita que le hagan eso muchas veces, sobre todo si tu chico dura poco cuando te penetra, pues le ofrece un orgasmo mucho más largo e intenso; otros lo odian, qué se le va a hacer. Incluso existe la posibilidad de que se corra a pesar de que has parado, en cuyo caso, solo si estáis habituados a juegos con esperma, puedes coger su corrida y pasársela por la cara gritando: “¡Mira lo que has hecho! ¿Por qué nunca me haces caso?”.

Una vez acabado el juego, vuestros papeles desaparecen. Sé más dulce que nunca, mímale, recuérdale con tus gestos y atenciones que lo de antes era un juego muy divertido, pero que ahora eres de nuevo la chica de siempre. Háblale de lo mucho que te ha gustado, de lo sexi que lo veías, de las ganas de follártelo que te daban cada vez que le mirabas y de lo que te costaba ocultarlo. Cuéntale tu momento preferido o aquello que te salió de manera más espontánea, y al mismo tiempo que él te confiese lo que más le gustó. Hablad solo de los aspectos positivos, salvo que él dijera STOP en algún momento. Si fue así, le pides perdón y le dices que no querías incomodarlo, que la próxima vez no harás eso que le desagradó. Si él quiere discutir sobre el tema, adelante, sed sinceros; si no se siente con ganas, no lo fuerces, simplemente se sintió incómodo por alguna razón, cuestión de gustos y manías.

PRÓXIMA ENTREGA: ¿Y QUÉ HACEMOS CON LA LECHE?

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