Uncategorized

Unos tipos pierden una partida de poker

Unos tipos pierden una partida de poker
Anita quedó muy dolorida luego de la violenta cogida que le había pegado el mecánico al regresar de la playa.
En especial el culo, que le ardía muy, muy dolorosamente.
Pero ella me confesó que había quedado satisfecha por la manera en que ese hijo de puta la había sodomizado.

Lo peor de todo, era que ella esperaba ansiosa que ese bruto volviera a la noche a continuar abusando de su delicado cuerpo,,,

Al despertar de una buena siesta, Ana me confesó que estaba más caliente que nunca; así que me pidió, me suplicó que le chupara bien esa delicada concha; solamente lengua, sin dedos…

Entonces le pedí que me permitiera vendarle los ojos y maniatarla. Hacía mucho tiempo que no lo hacíamos de esta manera, así que Ana accedió sonriendo, disfrutando de ese morbo que le daba.

Le coloqué un pañuelo negro sobre los ojos y le até con mucha delicadeza sus muñecas a la espalda, asegurándome de que no pudiera liberarse.

Luego me desnudé completamente y comencé a recorrer su hermoso cuerpo con mi lengua y mis labios, desde los pies hasta llegar al interior de sus muslos.

Ana abrió sus torneadas piernas y mi boca avanzó hasta su labia depilada. Muy lentamente fui saboreando sus delicados labios vaginales, que se encontraban todavía bastante inflamados…

Ella comenzó a gemir muy suavemente, mientras intentaba abrir al máximo sus suaves muslos. Yo sentía que su concha se iba humedeciendo; notaba sus fluidos cada vez más abundantes, mientras crecían sus gemidos y jadeos.

Finalmente alcanzó el orgasmo en medio de un concierto de aullidos y gritos de éxtasis; mientras su cuerpo temblaba bajo mi boca. Arqueó su espalda, empujando su concha contra mi boca y terminó gritando su intenso clímax como una verdadera posesa.

Luego quedó tendida en la cama, su hermosa figura más provocativa y sexy que nunca, maniatada y con los ojos vendados, sus interminables piernas bien abiertas y su pubis todavía sufriendo con leves contracciones provocadas por el placer.

Toda esa visión me hizo experimentar una fuerte erección, sentía que mi verga se alzaba a punto de explotar.
Me ubiqué entre los bellos muslos abiertos de Ana y apoyé la punta de mi verga sobre sus humedecidos labios vaginales.

Ella se sobresaltó al notarlo, comenzando a protestar y a decirme que ya no quería coger más; ya que su amante la había dejado muy satisfecha y además todavía sentía la concha muy dolorida.

Entonces me eché hacia atrás, le cerré las piernas y tomándola por los tobillos la hice girar boca abajo, al tiempo que me abalanzaba sobre su firme cola, volvía a abrirle las hermosas piernas y comenzaba a lamer con ganas la entrada de su orificio anal.

“Noooo… por la cola no!!! Te lo suplico, Soltame…!!”

Por supuesto ni siquiera escuché sus súplicas desesperadas, muy despacio le metí la cabeza de mi verga en esa dilatada entrada y la dejé ir bien hacia adentro.

Ana lloriqueaba y me insultaba; gritaba que ese culo le pertenecía a Eduardo y que yo no tenía derecho a metérsela por allí hasta que no la cogiera como lo hacía su macho…
Todo esto me calentó mucho más todavía y en pocos minutos de bombearla sentí una descarga eléctrica a la vez que mi espalda se tensaba y mi verga se descargaba en el fondo del apretado culo.

La dejé atada mientras tomaba una ducha y luego fui a verla, para encontrarla descansando y con los ojos cerrados.
La desaté y la dejé descansar allí en la cama.

A la caída del sol, apareció Eduardo, para avisar que más tarde vendría a jugar al póker con unos amigos, porque no tenían otro lugar para reunirse. Yo sería el jugador número cuatro…

Mi esposa se excitó al saber la noticia.
Cenamos algo frugal y ella se vistió para recibir a su macho.
Eligió un vestido liviano de color negro, muy corto, que dejaban ver el portaligas que sostenían las sedosas medias de nylon negras que realzaban sus espectaculares piernas.
Por supuesto, ya se había acostumbrado a no usar ropa interior.

Me acerqué por detrás y levanté un poco el vestido para asegurarme y disfrutar la increíble visión de esa redondeada cola que esta noche tenía cita con otro.
Ana se inclinó para mostrarme un pequeño dilatador anal que se perdía dentro sus cachetes. Explicó que estaba preparando mejor su cola para recibir la verga de Eduardo sin que le doliera tanto…

Se apoyó contra la mesa y muy lentamente pasó una de sus manos por debajo del vestido. Me miró y dijo ronroneando, que seguía muy caliente y no tenía paciencia para esperar al mecánico.

En apenas dos segundos ya estaba metido con mi lengua ardiente saboreando su delicada labia; pero antes de hacerla acabar sonó el timbre… El mecánico y sus amigotes…
Eduardo presentó a sus acompañantes: dos tipos de apariencia bastante desagradable, ordinarios y rudos, que apenas me saludaron sin mucho interés.

Cuando vieron a Anita se quedaron con la boca abierta; sentí que la desnudaban y la cogían con la mirada. Ambos eran demasiado corpulentos, así que ni podría hacerles frente para intentar defender a mi mujercita en caso de que se pusieran pesados.

Ella estaba encantada, les sonrió a los tres, pensando seguramente que más tarde iban a cogerla y arruinarla con sus duras y enormes porongas.

Su macho la rodeó por la cintura y la manoseó por debajo del vestido, mientras comentaba a sus amigos que mi mujer era la mejor de las putitas. Para demostrarlo, alzó el vestido de Ana para que los otros apreciaran el redondo trasero de ella sin tanga.

Sin más comentarios se sentaron a la mesa y comenzaron a mezclar las cartas para la partida.

Eduardo explicó las reglas. No jugaríamos por dinero, sino por mi mujer. El ganador tendría derecho a cogérsela; pero sería a la vista de todos los demás…

Yo no estaba en condiciones de discutir nada de nada; menos todavía en presencia de esos dos ordinarios gigantes, que me miraban con recelo, mientras seguían de reojo las curvas de mi mujercita, quien preparaba unos tragos para todos.

El mecánico, demostrando que siempre era el peor de los hijos de puta, anunció que habría un premio consuelo para el segundo.
Eso lo determinaría la misma Anita según su voluntad…

Un buen rato después de iniciar yo respiraba aliviado, ya que había ganado las cuatro primeras manos y era muy difícil que alguien me alcanzara. Y así fue, ya que el mecánico ganó la siguiente y el más corpulento de los tipos se alzó otras dos.

Ahora restaba solamente quedarme yo también con el premio consuelo, lo que pude lograr con un inesperado póker de ases, que arruinó todas las posibilidades de estos brutos.

Con una sonrisa de triunfo me levanté de la mesa diciendo que ya podían irse a sus casas, ya que, al ser el ganador y también quedarme con el premio consuelo; mi mujer y yo íbamos a tener sexo a solas, en la intimidad de nuestra habitación.

El más corpulento se estiró un poco y me cruzó la cara con un tremendo puñetazo que me hizo aterrizar en el piso a un par de metros de distancia, mientras rugía que él iba a cogerse a mi esposa aunque no hubiese ganado la partida.

Anita se acercó corriendo a asistirme en el suelo, pero un brazo del gigante la levantó en vilo por su frágil cintura, mientras una callosa mano desaparecía por debajo del corto vestido, buscando hundir sus dedos en la delicada concha.
Ella aulló de dolor al sentir esa violenta intrusión y buscó al mecánico con la mirada para que la defendiera.
Pero ese turro seguía bebiendo su whisky y mirando la situación.

El gigante volcó a Anita boca abajo sobre la mesa y se la ofreció a su compañero, diciendo que la cogería después, ya que su verga era mucho más grande y así podría disfrutar de esa concha bien lubricada y algo mejor dilatada por su amigo.

Yo seguía en el suelo, algo mareado por semejante golpe. Desde allí pude ver al otro tipo con la bragueta abierta, sacando una verga de un tamaño no demasiado grande, así que por lo menos, Ana no iba a sentir tanto dolor después de todo.

Se acercó por detrás y apoyó la verga sobre los humedecidos labios vaginales, jugando un poco con la calentura de Anita. Después de un buen rato la tomó por los tobillos y la volteó boca arriba, separándole bien las piernas, dejando ver esa hermosa concha bien lubricada.

Le hundió la pija de un solo tirón hasta el fondo. Anita hizo un gesto de sorpresa, pero no dio señales de que le hubiera dolido.
Enseguida cerró los ojos y comenzó a gemir suavemente, sintiendo al tipo que la bombeaba despacio y a un buen ritmo.

El hombre le dio un par de cachetadas y le ordenó que mantuviera los ojos abiertos, pero ella volvió a cerrarlos para disfrutar de su placer. El muy bruto le soltó varios golpes más dejándole las mejillas coloradas, hasta que Ana se convenció de mirarlo fijo mientras la cogía.

El bombeo se fue haciendo cada vez más rápido y violento; el tipo apoyó los pies de mi esposa sobre sus hombros y comenzó a meterle y sacarle la endurecida pija con más ganas, disfrutando los jadeos y gemidos de ella, que tuvo un par de orgasmos bien gritados mientras le pedía que la cogiera más y más todavía.

El tipo pareció excitarse con la actitud permisiva de Anita; porque incrementó el ritmo y unos instantes después acabó dentro de mi mujercita gritando como un condenado. Luego simplemente se retiró y le cedió el lugar a su compañero.

El gigante entonces comenzó a desnudarse y luego metió un par de dedos dentro de la raja inflamada y enrojecida, comprobando lo dilatada y lubricada que había quedado con el semen de su amigo.
Cuando sacó su verga me quise morir, era realmente enorme, mucho más grande y gruesa que la mía y también la de Eduardo.

Ella también pareció asustarse, se incorporó y trató de escapar hacia el baño, pero el gigante otra vez la levantó sin esfuerzo por la cintura y la arrojó sobre el sillón principal.
Al ver que no podría resistirse, Ana le suplicó que la penetrara despacio, porque la iba a destrozar con semejante verga.

Por toda respuesta, el tipo la colocó en posición de perrito y acercó la cabeza de su pija a los dilatados labios vaginales de Ana, que gimió muy suavemente mientras sentía que ese enorme pedazo de carne comenzaba a invadirla.

El gigante se la metió hasta la mitad de un solo tirón y luego se retiró por completo. Se inclinó sobre Ana y le susurró al oído:

“Te gusta así, putita… o te la meto por el culo?”

Ella giró la cabeza y le suplicó casi llorando:
“No, por favor, en el culo no, me vas a destrozar con esa pija”.

El hijo de puta largó una carcajada, inmovilizó a Anita con todo el peso de su gigantesco brazo sobre la cintura de ella y le escupió varias veces en el orificio anal, para finalmente apuntar su grueso glande y comenzar a penetrar esa estrecha abertura.

Anita aulló de dolor al sentir que su culo se abría para dejar paso a esa cosa inconmensurable y dura…
Ese hijo de puta realmente la estaba disfrutando; se la metió hasta el fondo muy despacio, sin pausa y después se retiró por completo, repitiendo la tortura de volver a abrirle el culo, mientras Ana lloraba y gritaba enloquecida de dolor.

Eduardo por fin intervino; diciéndole a su amigo que ya era suficiente, no quería que mi esposa terminara hospitalizada.

Pero el tipo no le hizo el más mínimo caso, continuando con su propio placer, sin importarle los desgarradores gritos de mi esposa cada vez que se movía dentro de ella.
Por suerte acabó bastante rápido, llenando el culo de Anita.

Ella quedó tirada boca abajo en el suelo, desmayada, con su delicado culo totalmente abierto y enrojecido, dejando escapar una increíble cantidad de semen entre sus piernas.

Mientras me acercaba a ella para reanimarla, observé que el mecánico y sus dos desagradbles amigos se dirigían a la puerta, comentando jocosamente lo bien que la habían pasado.

Le preparé a Anita un buen baño caliente de inmersión y mientras se relajaba, me dijo que otra vez lo había disfrutado muchísimo, a pesar de que sentía el culo destrozado por tanta brutalidad.
Había gozado como una perra y tenido unos orgasmos increíbles.

Esta vez me dijo que quería regresar a casa al día siguiente. Admitió que su mente quería más y más; pero su cuerpo no iba a soportar otra brutal cogida como la que había sufrido ese día…

Yo respiré aliviado… pero sabía que todo ese morbo iba a continuar otra vez apenas estuviéramos de regreso en Villa Urquiza

Bir cevap yazın

E-posta hesabınız yayımlanmayacak. Gerekli alanlar * ile işaretlenmişlerdir

antep escort izmir escort tuzla escort marmaris escort fethiye escort trabzon escort kadıköy escort kadıköy escort kadıköy escort kadıköy escort kadıköy escort film izle